6.12.2009

diciembre 07, 2009



con el fin de las noticias
en la radio
cae la culpa
entumeciendo los huesos

conciencia –dicen que se llama
este grillete-

conciencia repite la voz
en lo profundo
y quizá nos refiramos a un
trastorno bipolar de la personalidad
donde se esconde la culpa
así la diagnostican en los tiempos postmodernos
y ahí está
la culpa

una piedra atada al cuello

culpa
de haber nacido en un lugar
cómodo y caliente

culpa
de la cruz y el alfabeto

culpa
de las palabras que
arman el discurso y
se entretienen
construyendo una identidad
que no existe
que ha demostrado fracasar
en la razón del plural al que
tratamos de ceñirla

culpa
con zapatos de tacón
y zarcillos

culpa
de corbata y gomina
en el pelo

culpa
de empleado público
paseando sus actas
como un prontuario
por las calles del centro

culpa
de colegios privados
con jardines

culpa
de los pobres de espíritu
que ahorran para operarse las tetas
mandar a cerrar sus parcelas
vigilar sus barrios
matar a los intrusos
que mancillan la apariencia
de civilización intacta
-el brillo de la superficie-
los chalets con servicio domestico
detrás de los que se
acumula la culpa
culpa de no querer mirar al otro
en toda su dimensión humana

conciencia –dicen que se
llama este grillete-
conciencia repite la voz
y sangra la carne por la ingle

a la distancia
se gangrena
toda una generación

estamos en la guerra
ante la oportunidad
de salvar el alma
de la culpa
sin pastillas
librarnos de
la culpa
que se ha acumulado
en las piedras de nuestras iglesias
la barbarie de nuestra fe

mata al padre
pégale un tiro de gracia
ahorca al padre
lapida al padre
y al papa con su sombrero de prada
y sus zapatitos gucci
a ese también

una cruz para el cordero del hombre
que nos limpie de la culpa

una cruz para el caudillo
en medio de un vals de Strauss
con cruces andinas

una cruz para los ciegos
guiados por sus miembros
que cumplan con su destino
y que se inmolen
cerrando el pico
de una puta vez.

"Schönheit, Dich will ich preissen", Georg Greosz, Acuarela, Alemania 1919.

2 comentarios:

Gomes Pinto dijo...

muchas gracias...

Edith Oster dijo...

qué maravilla!

 
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