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VIII – Herr Lehmann

agosto 23, 2009


Ciclo Imaginario de cine
“24 páginas por minuto”
o la literatura en el cine contemporáneo
La verdad es que tenía pensada otra película para esta semana. Quería terminar el cine club okupa, con una lectura, otra más, de “El amigo americano”. Esta vez dirigida por la italiana Liliana Cavani. Seguramente esta no es la obra más transgresora de la directora, pero en Ripley´s Game aparece un John Malkovich soberano, al que una le cree inmediatamente que la sangre fría, cuando aparentemente todo se ha perdido, es la única posibilidad que queda para ganar la partida. Tom Ripley es uno de los personajes de la literatura contemporánea que más me fascinan y Patricia Highsmith es mi escritora favorita. Nadie demuestra mejor los entramados de la mentira, aun de la más inocente, que esta señora. Sus libros son tratados muy útiles sobre el poder, el engaño y el ego, además de muy entretenidos. Como quién dice, nadie mejor para ayudarte a fichar al enemigo, que esta escritora americana. Será por eso talvez que sus libros son, incluidos todos los autores occidentales del Siglo XX, los que con más frecuencia se han llevado a la pantalla grande.
Pero basta, basta de lo que tendría que haber sido. En ocho semanas cambian las cosas y de momento esta nota ya no es una despedida. Se termina el Ciclo Imaginario de Cine pero permanece la ocupación. Se queda la columna en este rinconcito de la página y dado que es hasta la próxima semana, así de repente, pensé que no estaría mal invitarlos a imaginarse una película mucho más humilde, que es un testimonio más que cualquier otra cosa, sobre la vida en la República Independiente. Desde hace años y todavía, uno de los lugares con más artistas per capita de toda Europa.
Herr Lehmann, Kreuzberg, Berlin 1989, la novela debut de Sven Regener. Un chico de 29 años, sin pena ni gloria, que trabaja en un bar como mesero, para poderse pagar la vida que lleva con los amigos, iguales, igualitos a él. Es tímido, tiene pretensiones artísticas, pero la verdad es que no tiene el carácter suficiente como para buscarse a sí mismo y prefiere perderse en el limbo de la cerveza. Vive sólo y su vida es, aunque a él le cueste reconocerlo, completamente chata. Sus amigos han empezado a llamarlo Señor, porque pronto va ha cumplir 30 años y la única razón que hace que cuestione su contexto, es que se enamora de Katrin. La nueva cocinera del bar al que va todos los días y una mujer de armas tomar, que tiene muy claro quién es y lo que quiere.
Herr Lehmann está tan perdido que sólo puede reaccionar emocionalmente cuando, debido a una serie de desencuentros, termina como testigo involuntario de un beso entre Katrin y Kristall- Reiner, el tipo que todos desprecian, básicamente porque es un solitario silencioso. Por lo demás, el único vínculo afectivo de Lehmann es con Karl. Un escultor que como todos, está esperando que llegue el momento de darse a conocer. Su historia es quizá la mejor lograda de toda la película.
Karl es el único que sabe que es ser un artista, porque lo es y ya. No tiene pretensiones públicas y en ese su no tener pretensiones termina metido en un círculo de gente voluntariamente ignorante, ajena por completo al proceso creativo, más allá de las supuestas aspiraciones artísticas. La consecuencia de la incomprensión del grupo, de la negación sistemática de su trabajo por parte del contexto cercano, es una depresión crónica, que termina en una crisis nerviosa. Justo dos días antes de que se inaugure su primera muestra en una de las mejores galerías de la ciudad.
Para Herr Lehmann comienza a cambiar el mundo, cuando debe acompañar a Karl a urgencias y se da cuenta de que el psiquiatra comprende perfectamente al loco y no como paciente, sino como artista. Su reacción al salir del hospital, en su último intento de negación, es meterse de cabeza otra vez en uno de los bares y mientras bebe, la ciudad se agita. Acaba de cumplir 30 años, en la televisión puede ver como cae el Muro de Berlín y cuando sale del bar, para inmiscuirse por primera vez en lo que está sucediendo realmente, pierde de golpe y para siempre la venda que le cubría los ojos. La película no es una maravilla, pero retrata muy bien el ambientillo de mi barrio, donde cualquier mesero en paralelo organiza lecturas o exposiciones y la locura de bares como el Goldene Hahn. Un tugurio repleto de clochards, de peners cómo se los llama en Berlín, donde el que menos sabe quién es Proust o Borges o Joseph Boys. Artistas, que se han quedado colgados en el limbo y a los que el tiempo sólo les va dejando las cervezas.
Dirección:Leander Haußmann
Guión: Sven Regener
Artistas: Christian Ulmen, Katja Danowski, Detlev Buck, Janek Rieke, Hartmut Lange, Margit Bendokat.
Alemania, 2003

VIII. Elegy

agosto 13, 2009


Ciclo Imaginario de cine
“24 páginas por minuto”
o la literatura en el cine contemporaneo

Según dice la feminista argentina Lea Fletcher, “literatura femenina” trata con textos que están escritos por sujetos con características culturales de mujeres. Por antonomasia la "literatura masculina” tendría que ser aquella que está escrita por un sujeto con características culturales de hombre. ¿Eso existe? Existe, a más tardar oficialmente desde el 68, en mi opinión y algunos de mis libros favoritos caerían redonditos en esta bolsa. Trotski, Goethe y la felicidad, La insoportable levedad del ser y El animal moribundo. La película de esta semana es precisamente una lectura de esta última novela. Rodada en 2008 por Isabel Coixet, l@ directora de cine más importante de España, en este momento.
En una entrevista con José María Aresté, dice Coixet que ella tiene muchas conexiones con el personaje de Patricia Clarkson. Una ejecutiva cuarentona, exitosa y la amante consuetudinaria, casi la novia, de David Kepesh, el Profesor David Kepesh, crítico literario, intelectual de televisión, con letrerito de ayuda contra el acoso sexual en la pizarra de la puerta de su oficina en la Universidad de Columbia. Lo que comúnmente se conoce como un viejo verde y muy culto, todavía de buen ver, pero a las justas, quemando sus últimos cartuchos.
Su táctica es el impacto. Seducir por el verbo a sus estudiantes de literatura, con música escogida y textos bellos. Su estrategia es ir fichando a la presa, para intentar caerle encima en la fiesta que ofrece a los estudiantes cuando terminan el curso y él deja de tener problemas. Después discute los pormenores de sus aventuras con George, su mejor amigo, un poeta exitoso, casado, con hijos y mil historias.
Kepesh sólo tiene las historias, para él la honestidad consigo mismo es lo primero. Además tiene un hijo cuarentón: Kenet, que no le perdona su tipo de vida y a Patricia, que es igual a él. Ella es lógicamente la contraparte intelectual-afectiva necesaria para mantener el equilibrio, en una rutina agradable y metódica, donde el goce y la soledad, determinan el paso del tiempo.
En la visión del universo emocional de Roth es “el amor lo que nos rompe, lo que nos fractura y nos vuelve débiles" y eso es justamente lo que le pasa a David Kepesh cuando conoce a Consuela, una estudiante con ascendencia cubana, que lo hace temblar hasta los cimientos de sus convicciones y en un momento en el que su futuro empieza a verse deshabitado. Este es un resumen muy sucinto de una historia compleja, en la que las cosas no son necesariamente lo que parecen.
Kepesh no solamente es un cínico. La película comienza con una referencia a Thomas Morton, el colono americano que intentó en 1624 establecer una colonia "liberal" en Estados Unidos, asociándola con las ideas de amor libre que se “democratizaron” en los años 60. Kepesh ha asumido como forma de vida un discurso intelectual y la joven Consuela no es una víctima del seductor. Pertenece a una generación en la que el sexo es algo mucho más lúdico y sobreentendido. Como quién dice a la generación post 68 y para ambos, el sexo es una reivindicación de valores firmes. La pornografía a la que recurre Roth sirve para mostrar que la honestidad en la intimidad es lo que hace al sujeto, al individuo, ser realmente libre y en eso el autor no hace distinciones de género. La novela para mi es brillante, explícitamente pornográfica y la contraparte es una película casi redonda, aunque mucho más pudorosa.
Mientras Roth hace uso del sexo explicito para demostrar la emancipación de sus protagonistas. Coixet plasma en el dialogo post coital las abismales diferencias entre los sujetos y construye la trama.
Para mí ésta película más que una lectura es un diálogo generacional. En el que a Coixet se le escapa la relación padre-hijo, que es muy importante en la novela, para entender o mejor, atisbar la reflexión de masculinidad, sin caer en el cliché y es que muchas veces las mujeres olvidamos que la paternidad asumida es una experiencia que nosotras tampoco podemos concebir.
Aunque esta es la primera vez que Coixet no está presente como coautora del guión, es ella absoluta responsable de la cámara y se nota. No es la devoción al texto el motor, sino la reflexión. Aceptar un encargo sin perder el toque de autor; como dicen los españoles: ¡chapo! Su forma de narrar es inconfundible y a Roth deberían darle el Nobel, con la misma argumentación que a Doris Lessing, es decir: por haber colaborado a la emancipación masculina. La monogamia burguesa, compuesta por una madre y un patriarca basada en guardar las apariencias de cara al público es destructiva y en cambio, la pornografía, el goce, etc., etc., derechos asumidos por todos los sexos.

Dirección: Isabel Coixet
Guión: Nicholas Meyer
Artistas: Ben Kingsley, Penélope Cruz, Patricia Clarkson, Dennis Hopper, Peter Sarsgaard, Deborah Harry, Chelah Horsdal, Sonja Bennett.
USA, 2008

VI. Persépolis

julio 29, 2009


Ciclo Imaginario de cine
“24 páginas por minuto”
o la literatura en el cine contemporaneo


Todavía recuerdo el día que fui a ver esta película. Estaba con la Niko, era un lunes, un Blaue Montag cómo llaman algunos cines al día de descuento y entramos en el FSK. El cine que está en Oranienplatz, en el mismo centro de la provincia de Kreuzberg. Uno de los lugares clave de mi Heimat.
Me encanta esa palabra alemana, porque podría sonar turca también y señala el sentido de pertenencia a un espacio físico determinado. Por eso puede ser un pueblo o un país, pero también un paisaje o una región, incluso un idioma. Ese es el uso que le da al menos uno de los críticos literarios más conocidos del alemán y un sobreviviente judío del Getho de Varsovia: Marcel Reich-Ranicki. Leí en una entrevista que es su amor al idioma alemán y a la literatura alemana, él que le dio la fuerza necesaria para, de alguna manera, ser capaz de ayudar a reconstruir la cultura de este país después de la guerra. Él se quedó aquí a pesar del Holocausto, concentrando toda su pasión en los libros que habían quemado los nazis. Quería probarse a si mismo tal vez, que la barbarie es sólo una de las posibilidades de cualquier cultura. Yo creo que Reich-Ranicki leyendo, como crítico y como víctima, demuestra con su vida un valor admirable. Aceptó hacerse responsable de la construcción de un camino común, ayudando honestamente a rescatar lo rescatable.
¿Qué pasa cuando ya no quedan libros? ¿Cuándo un autor debe renunciar a su idioma y a la dimensión geográfica para poder hacerse responsable de ese camino común? ¿Cambia el sentido de Heimat? Esa fue una de las dudas intelectuales más importantes después de ver Persépolis. Yo no sé cómo habría narrado Marjane Satrapi su autobiografía si no hubiera tenido que hacerlo en francés y ante un público ignorante. Si hubiera podido comunicar directamente con el pueblo sobre el que habla ¿cómo lo habría dicho?
La autora tiene un gusto finísimo para guiar al espectador a través de la historia de su país y la de su familia, pero también para mostrar la fragilidad del emigrante. Su mundo sin contexto, en medio de una sociedad indiferente y hostil, que no sólo está lejos de ser perfecta, sino que cada vez está más lejos de los valores que teóricamente representa.
La transformación que sufre el concepto de “occidental” a lo largo de la película es fantástica. Satrapi hace que sea un adjetivo para caracterizar a su familia en Irán. Son ellos los que están conectados con el mundo y son los que encarnan los principios de modernidad y además, los que por generaciones han sido activos en la discusión del destino de su país. Después cuando con 14 años tiene que irse a Viena para escapar de la guerra y de la revolución islamista, lo occidental se transforma en la frontera natural para diferenciarla de sus semejantes. Pasan los otros a ser occidentales y ella es tan extraña en ese mundo supuestamente abierto, que termina volviendo a Irán. Sólo para darse cuenta años más tarde ya en Teherán que se tiene que volver a ir, porque lo occidental es en resumidas cuentas, pura cuestión de fe. Producto del sincretismo de distintos principios éticos que ponen al individuo en el centro de la cultura a finales del Siglo XX, entre dios, Marx y el feminismo.
Satrapi corre el riesgo de encarar Heimat como un concepto cultural, que rebasa las fronteras geográficas, las razas, los idiomas y pone al descubierto a los millones de personas en la periferia del “mundo civilizado” que comparten los valores sociales de Occidente, es decir que son occidentales, pero que no son reconocidos por Occidente más que como un factor estabilizador del sistema económico y si, la extranjería cambia la idea de pertenencia. Lleva a la gente a crearse mapas ficticios en los que Heimat es una calle de Berlín que termina en el lago Titicaca o la brisa del mar Caspio corriendo por París y si, pertenecemos a una generación además, a la que casi le resulta imprescindible cambiar de idioma para poder hacerse cargo de la construcción de un camino común en sus lugares de origen. Según últimos datos de Naciones Unidas 200 millones de personas han abandonado sus países en los últimos 20 años. En los últimos diez, por primera vez en la historia de la humanidad, somos prácticamente la mitad de los migrantes chicas. Las remesas que envían a sus casas l@s caminantes, son para muchos países más importantes que las sumas que perciben en concepto de ayuda para el desarrollo, físico y espiritual.
Esta película tiene muchas lecturas posibles, está es sólo la menos común de todas ellas. En cualquier caso vale la pena verla. Demuestra que la novela gráfica es un gran género literario y que hay historias que, para soportar el drama, es mejor verlas en dibujos animados.

Dirección y guión: Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi
Animación: Cecile Dubois-Herry, Christian Desmares, Damien Barrau, Florian Fiebig, Jung Wang, Nathalie Mathé, Pascal Chevet, Thierry Peres
Francía/ USA, 2007

V. Las Horas

julio 22, 2009



Ciclo Imaginario de cine
“24 páginas por minuto”
o la literatura en el cine contemporaneo


Para Cirano

Me resultó difícil escoger el título de esta semana. Cuando se me ocurrió la idea de hacer este ciclo, ya sabía de qué películas quería hablar. Se trataba de una mera Terapia Grafológica, como diría Levrero. El plan era empezar con aquellas que en mi opinión hablaban del artista. Después quería mostrar tres perfiles de escritores llevados a la pantalla grande, para terminar con la lectura de cuatro textos hecha por distintos directores. Pan comido. No más de 400 palabras, una vez por semana: disciplina, la mínima indispensable.
No sé por qué se me ocurrió que encontrar a una chica para la sección de retratos iba a ser más fácil, era la única peli que seguía buscando y lo cierto es que así por las buenas, resulta muy difícil dar con algo que valga la pena o que se pueda conseguir sin mucho esfuerzo. Una joda, en la galería de la fama de los inmortalizados por el séptimo arte, prácticamente no hay minas. Ni rastro de aquellas mujeres que, ya sea por su obra o por su vida o por las dos cosas, llenan de sobra los requisitos para convertirse en un mito.
La decepción más grande fue haber hallado sólo documentales aburridísimos sobre Ingeborg Bachmann y adaptaciones de sus textos, más que mediocres, para la televisión alemana. No puedo creer que nadie haya reparado en esta rubia. Uno de los premios más importantes de literatura novel en Europa lleva su nombre, adaptaciones de sus obras se siguen estrenando en los teatros, sus libros son lectura obligatoria en los países de habla alemana y es la única escritora que conozco que es absolutamente independiente de sus ilustres amantes. A diferencia de Anaïs Nin que ha “conseguido la inmortalidad” en el cine por su trío amoroso con Henry Miller, ojo que como artista yo no la desmerezco, la independencia material y espiritual de Ingeborg Bachmann no se ha merecido ni si quiera la curiosidad de los realizadores. A nadie le ha llamado la atención que hubiera tenido una relación tan larga y tormentosa con Paul Celan o que haya compartido su vida algunos años con Max Frisch, dos monstruos de la literatura moderna occidental que han quedado en la categoría de amantes de esta Diosa. Bachman y su magnífica vos propia, sobrevivirán al tiempo, como las voces de Alejandra Pizarnik, Nora Zapata Pril, Margarita Yourcenar, Clarice Lispector o Margarite Duras.
Las Horas es el único suceso. Fue nominada a nueve Oscares en 2002 y debe ser “técnicamente” mejor que otras de las películas que he puesto, pero a mi francamente no me gusta y esa era la única regla, no hago crítica de cine. Esto es un Cine Club Okupa en Pulso y no otra cosa. Por otro lado tampoco se trata del retrato de un artista, es en realidad una lectura muy interesante de la novela homónima de Michael Cunningham, ganadora del premio Pulizzer en el 99, que se fue al carajo en el casting.
Si en la película Virginia Woolf es el personaje principal y no su libro: Mrs. Dalloway, se debe a que interpretativamente hablando, Nicol Kidman hace sola toda la película. Esta falencia dificulta la comprensión de la conexión entre los tres personajes principales del relato. Ya que además de Woolf, está una lectora de Mrs. Dalloway en la ciudad de Los Ángeles en 1949: Laura Brown y el personaje real de la novela de la escritora inglesa: Clarissa Vaughn, encarnado por Meryl Streep, en la ciudad de Nueva York a principios de los años 2000. A pesar de que la estructura es muy interesante: Autor- Lector- Personaje, lo cierto es que en Las Horas la figura de la escritora es la única que tiene contornos y a falta de opciones, al carajo las reglas estéticas. Antes que poner a otro macho de la especie, me quedo con Virginia. La pionera del “flujo de conciencia”, la autora de “Una habitación propia”, ese bellísimo manifiesto emancipatorio para los que se ven sojuzgados por la sociedad bidimensional y autoritaria del hombre occidental, conmigo o contra mi, pensado para las escritoras de generaciones venideras y útil para l@s ate@s, l@s loc@s, l@s suicidas, l@s artistas, l@s libres, tod@s l@s otr@s. Para nosotr@s, l@s lectores y para l@s editores dispuestos a correr el riesgo. Que conste, este no es un típico caso de cuotismo políticamente correcto. Se trata más bien de justicia poética.

Dirección: Stephen Daldry
Guión: David Hare
Actores: Nicole Kidman, Julianne Moore, Meryl Streep, Miranda Richardson, etc., etc.
USA, 2002

IV. Antes de que anochezca

julio 06, 2009



Ciclo Imaginario de Cine
„24 páginas por minuto“
o la literatura en el cine contemporáneo



Para seguir con nuestro ciclo imaginario de cine, iremos esta semana a la cuna de la Nueva Trova: Cuba, el objeto de deseo de la izquierda latinoamericana y lo haremos de la mano del director y pintor estadounidense Julian Schnabel.
Pictóricamente Schnabel es uno de los máximos representantes del neoexpresionismo americano, una corriente estética que se basa en la pintura figurativa, con colores vivos y que Schanbel consigue trasponer delicadamente al cine. La belleza y la definición de los detalles, muchas veces en apariencia inocuos, son el distintivo plástico de su cine.
Como en todas sus películas en “Antes de que anochezca”, Schabel trabaja en el retrato de un artista, en este caso el del escritor cubano Reinaldo Arenas. No creo que haga falta contar aquí quien es Reinaldo Arenas, tal vez sólo sea necesario aclarar, por si alguien no lo supiera que era, como Lezama Lima y tantos otros, homosexual.
La historia está contada en un pastiche de fragmentos de textos, citas de entrevistas con Arenas y discursos políticos reales. Es una denuncia pública a la represión de las dictaduras "socialistas" y lo que la convierte en un clásico, es que la denuncia no pretende atacar las ideas socialistas. No se trata de mostrar las ventajas o desventajas de un sistema económico. La denuncia esta dirigida a la etica socialista, sin compararla con otra y mostrando detalladamente toda su brutalidad y toda su estupidez. En Cuba hasta los anios 90 como en los tiempos de la Falange Socialista española o el partido Nacional Socialista alemán, los homosexuales eran perseguidos, muchas veces asesinados o confinados en campos de concentración.
Tan es así, que un niño campesino como Arenas, que con 13 o 14 años dejó su casa para buscar a los rebeldes y hacer la revolución, que creyó en la Revolución y que pudo haberse convertido en uno de los escritores más representativos del cambio, porque es uno de los mejores escritores cubanos del Siglo XX y uno de los mejores del idioma español, fue excluido, censurado, confinado al "Morro" y cuando pudo se escapó hasta Nueva York. Él, que nunca jamás se hubiera ido de La Habana y seguramente nunca hubiera sido anticastrista.
El problema de las dictaduras socialistas, de las mejores y las peores, es que no han podido aceptar la belleza que no sirva deliberadamente a sus fines y en el fondo son asquerosamente conservadoras, impúdicamente burguesas y, en resumidas cuentas, todavía más patriarcales. Giran alrededor de unos tipejos omnipresentes, con pelos en la cara, ciegos a lo “otro”. Mujer, homosexual, judío, librepensador o guajiro. Da igual.
La resistencia a la barbarie de su propia cultura, que opone Reinaldo Arenas escribiendo, hasta convertirse en ese migrante pobre y enfermo, es simplemente admirable. En una de las escenas dice que escribe para vengarse, pero quién lo haya leído sabe que la venganza no esta en lo que dice, sino en el acto mismo de la escritura. Reynaldo Arenas nunca dejó de ser libre, siempre fue consecuente con la belleza y se murió siendo un guajiro.
Dirección: Julián Schnabel
Guión: Cunningham O'Keefe, Lázaro Gómez Carriles, Julian Schnabel; basado en las memorias y otros libros de Reinaldo Arenas.
Actores: Javier Bardem , Olivier Martinez, Andrea Di Stefano Johnny Depp, Sean Penn, Michael Wincott, etc., etc.
USA 2001

III. Into the Wild

junio 22, 2009



Ciclo Imaginario de Cine
„24 páginas por minuto“
o la literatura en el cine contemporáneo



O “Caminos Salvajes”, como se presentó en Latino América, es la cuarta película del actor estadounidense Sean Penn como director. Aquí se estrenó en 2007 y está basada en un reportaje del periodista y escritor John Krakauer, que a su vez usa los diarios de Christopher Mc Candless. Un chico de 22 años que a finales de los 80, decidió romper con todo y mandarse a cambiar.
Le dejó un cheque por 24 mil dólares a la asociación caritativa Oxfam, rompió el carnet de identidad, dejo de dar señales de vida en su casa y acompañado de autores como Jack London, se subió a su coche, con el objetivo de llegar a Alaska. Quería perderse en el monte. Dejar atrás a un padre autoritario y una vida pequeño burguesa marcada por la doble moral, para hacerse adulto en la ruta.
Sean Penn ambienta la historia en escenarios naturales espectaculares y aunque no ha tenido muy buena crítica, mucha gente opina que la historia es “demasiado fácil”, lo cierto es que muestra muy bien las razones de un chico para dejar un mundo lleno de prerrogativas y optar por buscarse a sí mismo, hasta llegar a aplacar su ira. La escritura es el hilo narrativo de la historia y en varios momentos el libro es nombrado por el protagonista como deseo, a medida que se da cuenta de que algo debe ocurrir en su vida después de Alaska. Escuché muchas veces a Diego Valverde, en mis épocas docente de la cátedra de poesía de la UMSA, decir que: no basta con querer escribir como Lord Byron, hay que tener los cojones u ovarios para vivir una vida como la del Lord Byron o la propia claro, y aunque la presencia de la escritura en la película sea tan sutil que muchos críticos no la toman en cuenta, lo cierto es que la experiencia de la palabra es la que provoca la transformación del personaje.
Es en el viaje, ocacionado por el envenenamiento con papas silvestres, donde Christopher Mc Candless descubre lo que le hace falta para poder concluir el libro que no fue capaz de escribir y esto además, en las palabras de otro. En este caso Jack London. Quizá lo que le haya fascinado a Sean Penn sea la tragedia de una vida creativa truncada por el acaso, antes incluso de poder empezar.
Yo pienso que la estructura de la película es en sí misma un guiño literario. No puede ser casualidad que se estrenara justamente 50 años después de que John Kerouac escribiera “On the road”. Es imposible que Sean Penn no haya leído esa novela, es una especie de biblia para la gente de su generación y uno de los libros más reeditados en Estados Unidos. He visto pocas películas más hippies que esta. Con cantautor y todo.

Dirección: Sean Penn
Guión: Sean Penn y John Krakauer
Actores: Emile Hirsch, Vince Vaughn, Marcia Gay Harden, William Hurt, etc., etc.
USA 2007

II. Dorfpunks

junio 15, 2009



"24 páginas por minuto"


En Alemania acaba de estrenarse esta película. Cuenta la historia de un grupo de adolescentes en un Kaff, el sustantivo que describe en berlinés a un pueblucho en medio de la pampa. Una descripción simple del crecer entre cervezas y vacas, sin escenarios espectaculares y en los 80. Es el equivalente de la BDR a lo que en su momento fue Good bey Lenin (2003) contando la década previa a la transición en la RDA, sólo que desde la Alemania más profunda, el lado más provinciano de la potencia mundial. La otra medalla del muro.
Una historia simple a la orilla del mar, en un lugar llamado Schamlendstadt, ambientada en 1984, cuando en el “mundo civilizado” lo punk hacía tiempo que había dejado de estar de moda realmente y el progreso era algo mucho más material que mental. Estaban las máquinas, todas las comodidades del estado de bien estar y sin embrago, espiritualmente el tiempo se había quedado detenido en un silencio autoritario y amnésico.

En las grandes ciudades europeas, la tribu urbana estaba ya establecida y el deseo de libertad se apropiaba de su estética para impactar, también en los pueblos, también entre los hijos de los granjeros. Lo punk, la única alternativa real al comunismo y al capitalismo, la reivindicación del individuo, para bien o para mal, con todos sus intersticios, como descubrimiento natural espontáneo de un grupo de chicos en reacción a su medio ambiente.

Me pareció perfecta para continuar con el ciclo. Es la segunda película del director Lars Jessen y como la anterior: Am Tag, als BOBBY EWING starb (2005), se trata de una mirada calida, crítica y cómica a la par, de un tiempo histórico determinado. Que es, a la vez, capaz de mostrar sin grandes aspavientos, el descubrimiento de la vocación. El deseo de crear, de aprender a crear y la soledad que esta decisión muchas veces implica. Esa es la trasformación substancial del protagonista principal: Malte y esta ocurre sin que Jessen pierda en ningún momento el tono ligeramente satírico de la narración.
La película esta basada en la novela del mismo nombre, escrita por el músico y entreteimer Rocko Shamoni. Él mismo, un punk de pueblo en los 80 y en la actualidad un músico, cómico y autor de Best Sellers bastante conocido en el ámbito alemán. Shamoni pertenece a la nueva casta de cabaretistas europeos a la Bepe Grillo, Eddie Izzard o Daniele Luttazzi y esto en un tiempo extraño en Europa, en el que los humoristas son al parecer los únicos que se permiten una crítica social honesta y abierta, dirigida a hacer pensar a las masas.

Dirección: Lars Jessen
Guión: Norbert Eberlein y Rocko Shamoni
Actores: Daniel Michel, Cecil von Renner, Ole Fischer, Pit Bukowski, Samuel Auer y Axel Prahl.
Alemania, 2009

II Ciclo Imaginario de Cine

junio 08, 2009


"24 páginas por segundo"
Hoy empieza un nuevo Ciclo Imaginario de cine en los Blaue Montag de Linia Indiga. Esta vez dedicado a la influencia de la literatura en el cine contemporáneo.
Algunas de las películas más bonitas de los últimos 10 años, tienen una relación directa con el texto, con el sujeto escritor y también con el proceso creativo de uno de los oficios socialmente menos apreciados.
Hace tiempo que la escritura, a pesar de seguir siendo una de las fuentes substanciales de la imagen, ha perdido su “presencia” social y la figura del escritor se ha convertido en uno de los subtextos de los masen media. Ante un público no lector, los libros son un filón de ideas originales y las referencias literarias, muchas veces se ven reducidas a un guiño cómplice del director o el guionista con lo que podríamos llamar el público entendido en la materia.
También Hollywood ha descubierto comercialmente esta beta, de ahí que se hayan producido en el último tiempo películas como Capote, Ceguera o El Amor en los tiempos del Cólera y que producciones “alternativas” como Hacia rutas salvajes, la cuarta película de Sean Pen como realizador, o Elegy de la española Isabel Coixet hayan sido relativamente exitosas en todo el mundo. A lo largo de junio y julio los invito a hacer un repaso de mi top 8 en el tema. Esta semana, para empezar y entrar en materia, imaginaremos La vida bohemia de Aki Kaurismäki, el director de cine finlandés. Aunque esta película se estrenó en 1992, su estética a la Bresson la hace atemporal, por lo demás describe muy bien la miseria económica por la que tienen que atravesar muchos artistas, como precio a pagar por su decisión de invertir su tiempo en la producción intensiva de piezas que a lo mejor no van ha vender nunca. Esto condiciona su forma de interactuar con su contexto y provoca relaciones fortuitas y desprejuiciadas, muchas veces marcadas por la conveniencia, el egoísmo o el heroísmo casi infantil.
Kaurismäki hace una parodia de la novela que Henri Murger escribiera a mediados del siglo XIX describiendo la vida disipada del Barrio Latino, contextualizándola en un año impreciso del siglo XX y conservando el talante “multicultural” del ambiente. Si hay algo en lo que los artistas superan de lejos al resto de los ciudadanos es en su capacidad de comunicar con cualquiera, no importa su origen, que transmita en la misma longitud de onda.
La sublimación de los clichés que caracterizan a los personajes, le agrega un toque irónico al dramatismo, conservando el patos del texto original, pero sin caer en la tragedia ni mucho menos en la cursilería.
La vida bohemia es una de las dos películas hechas por el director fuera de Finlandia y como en Contrate a un asesino a sueldo, algunos de los protagonistas tienen un marcado acento al hablar el idioma, francés e inglés respectivamente.

Dirección y guión: Aki Kaurismäki
Actores: Matti Pellonpää, Evelyn Didi, André Wilms, Kari Väänänen, Jean-Pierre Léaud, Samuel Fuller.
Francia, 1992
 
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