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Soy una rebelde en Bengasi!

marzo 23, 2011


A los 16 años terminé en un colegio de quinta en el centro de la ciudad de La Paz y me pasó una cosa muy extraña. En realidad nos pasó a todos los que nos encontramos en el San Patricio el 93. No sé si alguien más se acuerda, pero ahí estaba el profesor de historia. Ya no sé su nombre, tampoco puedo decir que me haya caído particularmente bien. Era un señor gordo y bajito, muy blanco, que se ponía rojo hasta el morado y de vez en cuando tenía ataques de gritos.
Nunca olvidare su introducción a la geopolítica a partir de la guerra de Yom Kipur. Quizá porque era la primera vez que en la escuela me hablaban de países tan lejanos, aunque lo más probable es que lo que me haya marcado fuera que, la misma persona que afirmaba no creer en dios, incluyera en su análisis de cuadros una tabla de verdad tan implacable. Casi fanática, que yo sólo conocía de los curas. Así había resuelto él ideológicamente su posición moral frente al ejercicio de la violencia. Porque en su opinión, era fundamental que a partir de la propia conciencia se respondiera a la necesidad de decidir sobre la vida de los otros. En el fondo en eso consistía ser de derecha o de izquierda y tarde o temprano la historia siempre nos pone ante la disyuntiva de tener que decidir. Entonces hay que tener una opinión y ser valientes.
Recién ahora soy consciente de que esa fue mi modesta introducción a Sartre y personalmente no creo que sea posible abrazar ninguna corriente coerentemente, sin elaborar una tabla de verdad consecuente con nuestra conciencia. Libertad, igualdad, fraternidad esas siguen siendo las palabras que mejor definen la conciencia colectiva de la comunidad imaginara a la que pertenezco y que aspira, según yo entiendo, a que se juzgue con ecuanimidad. Eso es para mi ser de izquierda en pleno siglo XXI. Para mi la revolución consiste en crear un marco legal que se respete y que garantice una convivencia armoniosa. Toda ideología incluye una doctrina. Una armazón que la va refiriendo a sus antecesoras, hasta el principio de los tiempos. Yo creo en la justicia y en el derecho a la vida y a la autodeterminación del sujeto.
¿Por eso soy de izquierda? Si, yo creo que sí. Porque a estas alturas por encima de mi fe en el sujeto, no hay ni un dios ni una patria ni un sexo ni chinga su madre. Soy de izquierda porque creo que el ser humano es libre y que su dignidad es inalienable y pienso que el bienestar de las personas en general, debe ser más importante que los beneficios individuales. Así pués, justifico el uso de la violencia en determinadas ocasiones, porque soy capaz de reconocer en el tiempo, que hay luchas que sólo pueden ganarse con las armas y creo como Sartre que, más allá de que las ideas que acompañan muchas de las decisiones de instituciones como las Naciones Unidas sean imperialistas, osea más allá de que sean capitalistas, ejemonistas y burguesas, las intenciones con las que fueron creadas dichas instituciones no son asesinas. Todo lo contrario, surgen de la necesidad de organizar al mundo frente a la amenaza del nazismo. Al menos en teoría y aunque desde su fundación la ONU no haya sido todo lo eficaz que debiera, quiero creer que la Guerra de Irak de 2003 también aquí marcó un hito.
Quiero creer que fue el principio de un cambio del orden en el mundo, de un giro importante en la historia de la administración de la sociedad de naciones. La razón por la que un Barak Obama es posible, fue porque un Busch Jr marchó contra Sadam, en contra del propio pueblo irakí y sin el respaldo de las Naciones Unidas. La Guerra de Irak fue producto del abuso de poder y según las leyes internacionales y los convenios que han firmado 192 naciones en el mundo, es posible que algún día Georg Busch Jr tenga que enfrentarse a un tribunal internacional.
Aunque suene anecdotico, podemos juzgarlo. Al menos hemos conseguido un marco de referencia, que nos permite decidir en común sobre lo que consideramos que es justo. De nosotros depende exigir que se cumplan las leyes. A eso debería aspirar el arbitraje y es precisamente eso lo que intenta conseguir el escudo aéreo sobre Libia. No invadir el país.
Según yo entiendo, la izquierda debería luchar para que se establezcan condiciones justas y claras de convivencia entre las personas. La verdadera revolución es dejar de defender las prerrogativas económicas de los fuertes y apoyar en cambio la libertad de la gente. Un gobierno que tiene que atacar a su propia población con el ejercito para sostenerse en el poder, no es es un gobierno legítimo y yo no entiendo a la izquierda occidental actualmente. En realidad empiezo a preguntarme si soy de izquierda realmente.
Me siento más bien como una extraterrestre y la idea de que el socialismo del siglo XXI esté dispuesto a darle asilo político a Gaddafi, hace que se me paren los pelos de punta. Porque para mi es igual a declarar abiertamente su adhesión al totalitarismo. No es más que un gesto simbólico de respeto a la verticalidad, a la brutalidad, a la intrancigencia que conocemos los pueblos latinoamericanos de los milicos. Sólo Pinochet fue capaz de soltar a los aviones contra su propia gente y quién entiende a Izquierda Unida en España o la reacción en Alemania. Quién entiende a todos los intelectuales que estuvieron viendo las fotos del desastre del Japón mientras llegaban los sicarios a Libia, pensando exclusivamente en su futuro artificialmente ecológico a 200 años plazo. ¿Cuántos muertos puede soportar la voluntad humana?
En Europa sabemos que en Libia, Gaddafi está asesinando a su gente. El Mediterráneo es un pañuelo. Las patrullas navales de la Unión Europea hacen horas extras en las costas italianas hace meses. Quiero que alguien me explique en este momento: ¿cuál es la diferencia entre un inmigrante ilegal y un refugiado de guerra? Porque no la entiendo y no entiendo a la izquierda alemana. Es esquizofrénica o liviana o demasiado concienciada con el medio ambiente, tanto que es incapaz de reaccionar ahora, en este instante ante la barbarie, como si no conociera su propia historia. En Berlín le doy la razón a Joschka Fischer, líder histórico de los verdes, que dijo ayer lo que deberían haber dicho todos los que se dicen así mismos de izquierda, más allá de los matices ideológicos: „No es posible festejar la revolución egipcia y abstenerse en Libia“. ¿Cuantos muertos puede soportar la voluntad humana?
A veces cuando en Berlín, sentada en mi cocina escucho las noticias de mi país, siento miedo. Al menos por la angustia que me transmiten las voces en la radio, a veces pienso que es posible que llegue el momento en el que seamos capaces de romper el pacto tácito que nos mantiene unidos a pesar de todas nuestras diferencias. Entonces dudo más que nunca si soy, como yo considero, efectivamente una boliviana de izquierda. Ya que la verdad es que si las cosas se ponen feas, yo sería la primera en pedir que nos intervengan, que nos detengan, que nos impidan hacernos daño mutuamente. En realidad el principal problema ético que tengo con el gobierno revolucionario del MAS en Bolivia es que en mi opinión, no garantiza ni quiere garantizar condiciones legales claras de convivencia, prefiere el uso de la autoridad, y yo creo en el cambio si, pero ante la primera evidencia del asesinato, espero que las personas que creen efectivamente en la igualdad entre los seres humanos, estén dispuestas a matar si es necesario, por conseguir que se mantenga la democracia y se respeten los derechos humanos de todos los ciudadanos.
Frente al totalitarismo y a la brutalidad, ahora sólo puedo decir lo que pienso de los milicos en los años setenta en mi país o lo que siento cuando leo sobre los nazis, los facistas: ¡Nunca más! Mi solidaridad sigue estando del lado de los que luchan por la libertad. Soy una rebelde en Bengasi y ¡Gaddafi no pasara! Para mi eso es La Internacional, sino la izquierda como una alternativa global pierde por completo su sentido.

Imagen extraida de:http://www.terra.com.co/noticias/articulo/html/acu40624-miles-de-personas-huyen-de-bengasi-bastion-rebelde-en-libia.htm

Mi cumita

agosto 10, 2010


Hoy soy más y mejor
amiga tuya de lo que
nunca habría imaginado

ya no pienso en mi
en las mañanas.
Visto el gris rutinariamente,
rutinariamente mastico el alimento,
apenas me miro en el espejo.

Los ojos que encuentro
cuando me peino
se parecen a los que tenía.

La nariz se parece a la mía

sólo la boca es irreconocible.
Son inauditas las arrugas
que marcan el gesto.

Todo a cambiado,
hoy soy más y mejor
amiga tuya de lo que
nunca habría imaginado.

Ya no te conozco, pero te acepto.
Te dejo ser nomas,
te escucho, cuando te sientas
ante la página en blanco.
Me reconozco en la angustia,
volvemos a encontrarnos en el trazo.

Hace dos años hablé por
última vez con Jorge Campero.
Lo imagino en la selva,
rodeado por el verde profuso
y las mujeres olorosas que busca.

Hoy sería un buen día
para sentarse a charlar con el maestro,
para oírlo hablar sobre la
cobra que se para sobre su cola
para asaltar a la presa.
Sobre la palabra venenosa.
Sobre la palabra que permite
el desdoblamiento de los cuerpos.
Sobre la metáfora sin como
y sin parangón.

Fragmentos de un discurso
que se repite en el tiempo.
Eructos poéticos de nuestro
último coma etílico.

Me siento orgullosa de
haberme hecho mayor
en compañía de Bukowski.
Le alegraría saber que
hoy soy más y mejor amiga tuya
de lo que nunca habría imaginado.

Que nuestra convivencia de
Mr. Hyde y Dr. Jekyll
ha degenerado dentro de los
límites previstos por él,
desde un principio.

°foto de la antigua "Carretera de la muerte" en los Yungas,La Paz-Bolivia.

Tropece de nuevo con la misma piedra

agosto 05, 2010



"la música militar nunca me supo levantar"

La mala reputación - Paco Ibañez

Hay muchas cosas sobre las que no tengo una opinión, hay tantísimas cosas que me parecen contradictorias. De mi país sólo puedo decir que vivir una revolución con pinta mediática de guerra civil como voyeurista, a diez mil kilómetros de distancia, es esquizofrénico. Hay días en que pienso: cualquier rato llegamos a las manos, esto es un suicidio. Se dice que el gobierno quiere desplazar el feriado nacional, pasarlo del 6 de agosto al 22 de enero y hay quien se ofende. Hay gente a la que le encanta el himno nacional. No es mi caso. Desde chica las horas cívicas me llegan al huevo y además la mayoría de los conciudadanos en lugar de decir „el hado propicio“ entona a voz en cuello „qué viva helado propicio“, así se ha confundido al Estado con un frigorífico paupérrimo.
Me pregunto a menudo qué es lo que pensaban los que antes no gobernaban de lo que era gobernar, porque ahora que los veo hacerlo confirman que ese error semántico, repetido por generaciones, puta que ha hecho mella. La moral socialista deja tanto que desear como la moral imperialista. Eso es evidente. Así que para mi el 22 de enero tampoco es una opción. Desde que cambió la visión del ejercito a „patria o muerte“, la verdad es que ya me imagino la que se nos viene y se repiten las nauseas que me daban a los 17 años.
Cuando era adolescente odiaba el seis de agosto porque era el día en el que los militares salían a la calle a mostrar sus mejores galas y yo a principios de los 90 odiaba a los militares, sin mencionar que tenía que pasar horas como una estúpida con uniforme en algún desfile. Los usos y las maneras del ritual me han parecido siempre fascistas y cómo no iban a parecérmelo, si fueron los años de dictaduras militares los que „asentaron“ en la conciencia popular la efemérides nacional. Sin servicio militar obligatorio, la mayoría de los bolivianos no sabría ni remotamente lo que es una escarapela y probablemente tampoco qué es Bolivia.
El ejercito de Bolivia probablemente es el que menos problemas tiene con la historia. Según su página oficial se fundaron en 1810. O sea 15 año antes de que se fundara la República de Bolivar y tuvo su época dorada hasta 1926, cosa que me parece sospechosa realmente. No hay ninguna mención a Simón Bolivar. Sobre la guerra del Chaco dos líneas „se perdieron 50.000 vidas...“. Luego un salto mortal hasta 1967. Ni una mención a la revolución del 52. Es decir, ninguna referencia a la muerte de la República de Bolivia, que le dio paso a la Nación Boliviana. Ni una palabra sobre las reformas estructurales y completas que hizo el primer gobierno del Doctor Paz Estensoro.
1967 ocupa el mismo espacio que la Guerra del Chaco en el texto: „el ejercito combate contra la subversión Castro-Comunista cuya victoria hecha por tierra los propósitos de establecer una base de operaciones subversivas en nuestro país“. Luego otro salto mortal en la historia hasta el gobierno del General Banzer -sin referirse exactamente a cual de los dos- que convierte al ejercito en responsable de la „lucha contra el narcotrafico en la región del Chapare“ y luego sin explicar muy bien el paso dado a nuestra condición actual de Estado Plurinacional de Bolivia, ahora el Ejército Nacional es responsable además de repartir el bono Juancito Pinto y „En la gestión 2006, el gobierno del presidente Evo Morales Ayma, toma la decisión histórica de nacionalizar nuestros hidrocarburos, asignando al Ejército la misión de devolver la dignidad a nuestro pueblo, ocupando en una operación sincronizada las fuentes de riqueza“. 6 de agosto, 22 de Enero... qué más da, si hay cosas que nunca cambian y el país nuca pierde su tufillo a cuartel.
Para mi la única fecha nacional que tiene algún sentido es el 9 de Abril, día en el que se recuerda la Revolución Nacional, misma que nos hizo en su momento ciudadanos, razón por la cual a su vez, cincuenta años después, podemos cambiarnos el nombre colectivo en las urnas. Sin tiros.

Sartre para Bolis

septiembre 23, 2009



Si me corresponde ser la persona que tome la palabra es algo que dudo, lo que me mueve a hacerlo es la necesidad de comunicar, como diría Max Frisch. Esta nota tiene más que ver con la urgencia de no sentirme sola de cara a las preguntas que afectan nuestro tiempo, a las dudas que sentimos todos, antes que afirmar que tengo razón o que lo que voy a decir sea la verdad. ¿Qué es la verdad? ¿Qué es libertad? ¿Qué es democracia? Abordo estas preguntas con la inseguridad del autodidacta y desde la certeza intima de ser una cualquiera, como lo entendía Sartre. Es decir desde la aceptación de mi condición de boliviana occidental andina de provincia, escuchando las noticias y los debates en Radio Panamericana a 10.000 kilómetros de distancia. Desde mi realidad de migrante con tarjeta de residencia, pero sin ninguna otra nacionalidad que la boliviana. Es decir desde mi historia de trabajadora sin derechos ciudadanos hace más de 10 años. He votado sólo dos veces en la vida, tengo 32 años, soy una escribiente. “El hombre es lo que hace con lo que hicieron de él".
"El hombre es lo que es y lo que hace" y este es solo un intento desesperado de proponer una salida para el tiempo raro que nos ha tocado vivir como occidentales del extremo. La intento desde Sartre, ¿Por qué sartreana y no socialista o marxista o capitalista o feminista o cristiana? Básicamente porque “El Existencialismo es un Humanismo”, tal vez el último que haya sido capaz de formular nuestra cultura y su mérito está en que, promueve la observación del sujeto desde distintas disciplinas. Para Sartre el nuevo hombre es polivalente, pluridimencional y es capaz de virtualizarse en el otro. No con el fin de establecer una única verdad, sino con el fin de concebir lo humano. Ese eso que nos hace reconocer a los otros seres de la misma especie y nos permite convivir con ellos, a pesar de todas las diferencias físicas y de todos los ismos.
Sartre a mi parecer, sostiene que los occidentales somos burgueses en esencia, porque en nuestro desarrollo como sociedad, hemos adquirido aspiraciones burguesas. Nuestro esquema de valores promueve un conformismo social que consiste en establecer una familia con jerarquías rígidas y pertenecer, gozando de cierto reconocimiento, a una tribu regida por las mismas jerarquías. Esto por lo general, viene acompañado de algún tipo de bienestar, normalmente económico y de la propiedad.
Nos caracteriza el hecho de que tenemos un Dios, que ha justificado por milenios los medios de producción e iglesias que los han administrado y administran sobre la tierra. El capitalismo es una construcción colectiva y es más que un modelo económico. Es parte de la idiosincrasia, de lo que nos diferencia como humanos de todo lo otro. Del musulmán con su dios, del kallawaya con los suyos, de cualquier otra persona que tenga una creencia intima diferente. También en América, también en Bolivia. Es como quien dice nuestra Matrix y los occidentales no podemos por revolución armada de un día para otro dejar de ser burgueses, tampoco los comunistas y si no, que alguien les pregunte ahora a los polacos.
Lo que Sartre en el 67 pensaba, en 2009 es un hecho irrefutable. Las dictaduras socialistas occidentales no han sido menos burguesas en sus valores sociales y en sus maneras de control del individuo que las dictaduras y democracias capitalistas. Reducirlo todo a números, a conceptos económicos, a modelos de producción, a parafernalias nacionalistas es en mi opinión un insulto al individuo, es seguirnos negando a respetar lo más sagrado que tiene el ser humano, indistintamente de cual sea su cultura o su sexo, que es la facultad del libre albedrío. El derecho a decidir y la responsabilidad de cargar con las consecuencias de sus actos. Para Sartre el hombre tiene siempre la última palabra, hasta en la muerte es libre. Cada uno de los miembros del colectivo es responsable del derramamiento de sangre o de la buena convivencia. Aplicado esto a nuestro país significaría que, cada uno de nosotros es responsable de la corrupción y de la división del país. También de la infamia, de la sinvergüenza con la que se miente en la actualidad, por ende de la violencia, que será consecuencia segura de la polarización después de las elecciones de diciembre.
¿Por qué participar entonces? ¿Por qué aceptamos participar en comicios improvisados, que lo único que van ha hacer es profundizar el caos? ¿Por qué escogemos como representantes, justamente a las personas que menos pueden hacer por lograr que los bolivianos volvamos a encontrarnos? ¿Por qué Álvaro García Linera o Manfred Reyes Villa y gente como ellos? ¿Por qué? Nadie nos obliga a pagar millones por algo que va a traernos a todos más mal que bien. Mientras no nos hayamos puesto de acuerdo en cómo va ha funcionar el aparto jurídico del Estado, cualquier votación no haría más que destruir nuestra democracia. Darle el tiro de gracia a lo único por lo que nos sentimos orgullosos todos los bolivianos.
Es posible que sólo hable por mi, sin embargo pienso que el resultado de las elecciones de 2005 me autoriza a hablar en nombre de la mayoría de los ciudadanos del país. Los bolivianos queremos y reconocemos como nuestro presidente al señor Evo Morales Ayma. Por mayoría absoluta queremos, los aymaras, los quechuas, los pueblos indígenas del oriente y los occidentales andinos, la Nueva Constitución Política del Estado y además, con nuestra participación en los comicios hemos demostrado que seguimos queriendo ser democráticos, es decir que por mayoría absoluta también, aceptamos las leyes capitalistas y burguesas, por que son las que nos hacen ciudadanos y a nuestro país miembro de las Naciones Unidas, subscriptor de la Declaración de Derechos Humanos, etc., etc. Como dice Sartre: "no son criminales" aun cuando yo como Sartre nos declaremos enemigos de los burgueses y usted también si quiere.
Como bolivianos lo único que debería importarnos, indistintamente de si es usted cholita o cawallero, peladinga o kallawaya, revolucionaria o doctor es destruir el Imperialismo, o sea que el más fuerte imponga sus reglas a pesar de la ley. Que Estados Unidos tenga derecho a invadir Irak, que los países del G8 no cumplan el Protocolo de Kioto o los Objetivos del Milenio, que nosotros nos dejemos llevar al enfrentamiento por culpa de los cuatro pelotudos que azuzan nuestro racismo, que los Monopolios desangren a nuestra gente. Hay leyes, nosotros tenemos leyes, hay leyes internacionales, somos parte del mundo. “El hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”, así que reaccione, aun estamos a tiempo de unirnos para construir algo bien hecho, que se sostenga en el tiempo. Como dice Sartre asumamos un compromiso, para poder vivir en democracia deben respetarse y aplicarse las decisiones que se toman en las urnas. Antes de volver a elegir consigamos que los que nos gobiernan, que no son otros que los que se presentan a los comicios de diciembre, lleguen a acuerdos básicos respecto a como van a aplicarse las nuevas leyes. La verdadera revolución es dejar de mentir.

Peras al olmo

abril 30, 2008

Acabo de terminar de leer Presidencia sitiada del ex presidente Carlos Mesa. Supongo que estoy un poco out en la discusión actual, con el referéndum de Santa Cruz en medio de todos los debates. En realidad empecé a escribir este artículo hace un par de semanas. Cuando me llegó el libro e inmediatamente después de leer el tríptico que circula en Internet escrito por Dante Pino Archondo. Enfrentarse con tanta boludez indigna, francamente. Cuántos estarán como yo, pensando en lo mismo. Así que en ese punto tuve que dejar de escribir, respirar hondo y relajarme una semana para poder volver a esta nota. Era importante, no quería permitirme tener a un Dante en la oreja.
Para empezar tendría que decir que Presidencia sitiada me parece bien escrito. Es claro, da muchos ejemplos y aparenta ser lo suficientemente honesto como para que sea difícil imaginarse que Mesa vuelva a tener la oportunidad de presentarse en una contienda electoral así por las buenas, con invitación. “Se crea demasiados enemigos”, en opinión de otras personas que lo han leído, según lo que he visto en distintos chats. Como ya se sabe, las elites políticas y económicas más tradicionales del país, sin importar el color de piel que tengan ni sus tradiciones, no están acostumbradas a tratar con personas que privilegien el cumplimiento de las leyes del Estado a los intereses personales, partidarios, sectoriales o regionales.
Errores más, errores menos, tengo que reconocer que como boliviana occidental, no sé que dirá el resto, me siento orgullosa por la manera en la que Mesa reaccionó primero a la brutalidad terca con la que el presidente Sánchez de Lozada pretendió mantener el control del país; distanciándose del Gobierno, pero asumiendo la responsabilidad conferida por el pueblo, permaneciendo en su cargo como Vicepresidente. También por las personas que eligió para hacerse cargo de los distintos ministerios. Que demostraron, y puede verse en los números, así como en el respeto a los derechos humanos, no sólo que eran eficientes, sino también que estaban humanamente a la altura de las circunstancias, más que complicadas, por las que atravesaba el país. Es probable que sin el trabajo de esos hombres y mujeres las consecuencias del vacío de poder hubieran sido funestas para el sistema democrático. En honor a la justicia, que es algo que la opinión pública boliviana apenas conoce porque los Dantes abundan, seguramente hablamos de uno de los mejores gobiernos que hayamos tenido, a pesar de su corta duración. Me representa.
A destacar del libro también es la abierta cercanía política y emocional del presidente Mesa con los valores de la revolución de 1952. Más allá de que sus declaraciones al respecto sean una manera de justificar el haber acompañado la candidatura de Gonzalo Sánchez de Lozada en 2002, ahora que el bad boy es el enemigo público number one, lo cierto es que en eso también me representa. Ya es hora de que uno de los acontecimientos más importantes de nuestra historia públicamente deje de pertenecerle exclusivamente al MNR. El 9 de abril no puede seguir siendo la efeméride de un partido, y los valores intangibles que son el resultado de ese enfrentamiento no pueden seguir siendo tergiversados. ¿Que la revolución no funcionó como debería? Sin duda, pero dígame si conoce alguna que haya funcionado bien. Además ¿qué es bien? Estamos haciendo nuestro camino hace más de 180 años, en circunstancias y con un marco social tan complejo, que mal podemos compararnos con otros. Los bolis tampoco inventamos la pólvora a cada rato. Ya sé que eso es algo que piensan algunos de los tipos que nos dirigen, o lo que fingen para que no se note tanto su incongruencia, ¿no, Dante? Pero lo cierto es que, como todos los otros pueblos, los bolis tenemos nomás un desarrollo histórico y la mayoría de los países del mundo no han vivido una revolución. Vean a los vecinos. Nuestros actos políticos permanecen en el tiempo, crean ideologías, forman líneas directrices y en el caso de los bolis nunca mejor usado el plural. ¿Cuántas culturas somos nosotros en paralelo decidiendo cosas en el país hace cuántas décadas? Nos respetaremos pues. Asumamos definitivamente que todos somos sujetos y cual es la participación de cada uno en los hechos del pasado. Tengamos los huevos de reinventar el idioma que usamos para comunicarnos y volvamos a hablarnos en boliviano, sólo que esta vez sin víctimas y sin verdugos. ¡Pease and love!
Presidencia sitiada no va tan lejos en su reivindicación de 1952, pero se adscribe a las ideas originales del Movimiento públicamente, enajenándolas del partido, y complementándolas con una gestión de gobierno transparente y eficaz. Por eso Carlos Mesa se empeña en afirmar, una y otra vez, que el suyo no fue un gobierno bisagra, sino el principio del cambio. Yo le creo. Mientras leía el libro, llegué incluso a sentirme orgullosa de las fuerzas del orden, de mi país --y aquí, en el exilio--. Sólo que es una lástima que esa tensión se vea anulada por el estilo literario, que a ratos no puede evitar sonar cursi, incluso llegar a parecer pedante. Rompiendo así el vínculo emocional con el lector y por ende toda posibilidad de identificación a posteriori.
Yo al menos descubro en afirmaciones del tipo “los bolivianos hemos sido especialistas en mentirnos, en flagelarnos, en contarnos cuentos, pero sobre todo en devaluar lo que hicimos. Cuando digo bolivianos creo que digo mal, debo decir aquellos que nos apropiamos de la historia desde hace siglos…” un parentesco retórico entre Mesa y Octavio Paz. En mi opinión, hay una parte central en el discurso de ambos intelectuales que es similar, a pesar de pertenecer a generaciones completamente distintas. Ambos utilizan el plural –los bolivianos, los mexicanos– pero ninguno se hace cargo. Tanto el ex presidente como el escritor tienen problemas en asumir lo que realmente son. Es decir que pertenecen directamente al grupo de “aquellos que han escrito” la historia de sus países, o sea que son miembros privilegiados y coresponsables de la parte comandante del caos. Si no son ellos, precisamente, los que construyen la metáfora de la patria, ¿quién lo hace? Pero ambos se niegan a asumir discursivamente cualquier responsabilidad al respecto y así, errado el punto de partida, es difícil que podamos los simples mortales acercarnos a sus buenas intenciones.
Con el libro viene también un DVD y qué puedo decir. Me causó ternura, hizo que me acordara de las noticias y los De cerca. Hace más de cinco años que no vuelvo a Bolivia y Mesa vos sigues igualito. 90 por ciento de los almuerzos de mi adolescencia han sido con vos. Puta, me has hecho recordar y bien estaba, hasta el momento en el que se te ocurre ir a una manifestación organizada por Felipe Quispe a las puertas de la iglesia San Francisco. Que caché, me sorprendiste. Bien capo siempre eres. Ir vos nomás casi solito, a ponerte al lado del Mallku y dejar que el Felipe te compare con Pizarro frente a un auditorio aymara. Uau.
Después comenzó a hablar de nuevo el presidente Mesa y bien, claro, estamos hablando de uno de los intelectuales más respetables del país, insisto. Como era de suponer se alineó con la herencia del Mariscal Andrés de Santa Cruz, destacando lo que destacan tradicionalmente los que construyen la metáfora de la patria. O sea que Andresito era hijo de un español y una noble aymara, como si no fuera suficiente con que la buena mujer fuera aymara. Más teniendo en cuenta que hace prácticamente un siglo que en nuestro país los títulos nobiliarios ya no se usan y como si Andresito no hubiera hecho ninguna otra cosa en la vida. Otra vez la cercanía espiritual con Paz, que es otro al que le encantan los cholos en general, pero puntualmente sólo los cholos finos. Difícil. También difícil la frase del presidente Mesa: “Porque si hubieran leído la historia…”, frente a un auditorio al que a lo mejor sí le hubiera gustado leer, sólo que nunca pudo aprender y en cualquier caso no tiene acceso a los libros. Los libros son carísimos. Cuando la escuché pensé: ya la cagaste, sigues acostumbrado a la homilía de la segunda edición del noticiero de PAT. ¿Hasta cuándo, pues, me querías representar? Más bien que te salvaste por penal diciendo: “al pueblo aymara nunca le ha ganado nadie”. Puta, qué sufrimiento y qué lástima que no te hubieras atrevido a ganarle vos, venciéndote a ti mismo en nuestro nombre. Dando en ese momento un paso más y mostrándole al país que esa Bolivia “en sí”, simbólicamente unida en su diversidad, también puede aspirar a tener un político de la talla de Willy Brandt. Es decir, a un humanista occidental, un White Man, dispuesto a superar los malos entendidos. Alguien capaz de caer de rodillas si es necesario, para disculparse públicamente frente a sus interlocutores, con sobrecogimiento y humildad, por las partes más estúpidas y bárbaras de mi propia cultura. Una sola vez. ¿No es eso hacer historia?En nuestro país se ha roto el sistema cartesiano. No hay más las dos Bolivias de 1952, ésa es la esperanza queridos cambas. En 2008 somos por lo menos cuatro Bolivias, si no somos 36, como los idiomas que tenemos reconocidos; más nueve, si respetamos las características culturales de los distintos departamentos, y así al infinito. A estas alturas es evidente que a la metáfora del mestizaje, ésa que asocia directamente lo “español” y lo “indígena”, se interpusieron los milicos, las leyes de libre mercado, distintos movimientos migratorios, un montón de ONG, la caída del muro de Berlín y por suerte también 1968, además de Internet. Dando como resultado a principios del siglo XXI una generación como la mía, bien representada numéricamente en el país, fragmentada culturalmente y for export, si la dejan entrar en algún lado. Nosotros somos, y los que nos siguen son, híbridos. ¿Es tan malo eso? ¿Acaso no nos da la oportunidad como individuos de escoger en el supermercado cultural lo más bonito? ¿No podría ser éste el modelo para una globalización progresista? ¿De Bolivia para el mundo? Los híbridos somos “en sí” y queremos tener la libertad de ser lo que queramos: cholos, punks, occidentales, queer, budistas, aymaras, lesbianas, anarquistas, chapacos, bi…, de preferencia todo junto. Y en mi opinión, si alguien se siente llamado a actuar en la reinvención de las metáforas nacionales desde occidente, ese/a/os en este momento deberían dejar de leer a Octavio Paz y empezar a leer a Fabián Casas. Así nos salvan de la humillación cultural colectiva de seguir pidiéndole peras al olmo.

Bolis Nomás

febrero 12, 2008


Me levanté pensando que hace dos días contesté al artículo de Carmen Abaroa, una poeta aymara de mi país, “Domesticando a Latinoamérica” en un foro de Internet. La verdad es que casi nunca hago este tipo de cosas, veo los foros y las revistas, leo los blogs, pero hay algo en mí, que me hace ser poco participativa. Creo que el Internet hasta el momento me ha servido más para aprender que para comunicar y francamente en todos estos años en línea, he desarrollado totalmente mi lado voyeur, pero no he aprendido a chatear ni a mandar mails.
Soy disléxica, cortante en el intercambio y además me despisto. Mis maneras on line dejan mucho que desear, tengo testigos, y por otro lado cuando leo un nombre que me interesa, abro una ventanita paralela, busco en google y después otra ventanita y así, sigo, hasta que tres semanas después me doy cuenta que llevo dos días pensando en la guerra del chaco o en sadomasoquismo y que me he salido por completo del tema. Es más, que ya ni sé cual era el tema. En Internet yo voy de despiste total en despiste total como una cría y solo rebuscando entre mis favoritos vuelvo al carril.
Así pues, prefiero no meterme y me imagino que lo que me movió a interpelar a Carmen, más que su artículo, fue el hecho de sentirme personalmente agredida. No por algo que ella hubiera dicho hacia mí o hacia alguien en particular, sino por las ideas que están detrás o que yo creo reconocer detrás de las palabras que usa. Nunca se sabe, no la conozco, no quiero afirmar nada.
Es sólo que en mi país se ha hecho patente un discurso racial que pone en tela de juicio su propia existencia y esto, sumado a que Evo Morales se ha hecho mundialmente famoso, me obliga una ves si y otra también a definirme culturalmente, racialmente, personalmente en casi cualquier fiesta, ante cualquier recién conocido y varias veces al día, cuando leo las noticias.
Es un momento en el que cualquiera se siente en el derecho y más aún en la obligación de dar su opinión al respecto y afectivamente la cosa se complica para mí, me pongo susceptible.
Yo sólo sé que estoy lejos, que extraño y que cada vez vuelvo a mi depto pensando en quién soy, de donde vengo, a donde voy, si soy de izquierda o de derecha, si soy racista, etc., etc. Me conflictuo, al extremo de ni si quiera ser capaz de poderme alegrar por el giro socialista que ha dado el país y de llegar a pensar, en los momentos de máxima desesperación, si en un acto de limpieza mental no debería intentar nacionalizarme suiza, para evitar este small tallk hamletiano y para dejar a los verdaderos indios, por un lado, y a los verdaderos N. N. de la media luna, por el otro, que desarmen el país y que se jodan.
Total yo además de ser un caos estoy lejos, pero la cosa es que pertenezco a la especie de los Karaschapacos, como hay otros que son Cholos, Cambakaras, Cambacollas y seguramente habrá los que son Cambachapacos. En suma, a una etnia más de la raza de los llámeme como a usted mejor le parezca que no está reconocida en ningún catálogo boliviano de colores actual, pero que tiene pasaporte o sea que comparte el karma y lentamente se está quedando sin gentilicio.
Mi cultura es mutante, bastarda, entre occidental, asiática e indo americana, es decir un menjunje y allá los puristas, de uno y otro bando, si no quieren enterarse ni reconocer el pasado común de los pueblos dentro del territorio boliviano. Ese que ha hecho posible que mi cultura exista y que queriendo o no, hay que reconocer que no siempre ha jugado un papel la intención, ha hecho posible que subsistan otras culturas.
La historia de los de mi pueblo empieza alrededor de 1800 con los movimientos republicanos. En el territorio que por entonces ocupaba la Audiencia de Charcas. Un lugar inmenso, más de dos millones de kilómetros cuadrados, para una población de medio millón de personas. Los de nuestra especie fueron procreándose sin llamar demasiado la atención y habitaron sobre todo los arrabales de las pequeñas ciudades de paso, que hacían posible el viaje entre Lima y el río de la plata, entre Holanda y Potosí.
En 1825 los primeros mutantes lograron organizarse, se camuflaron y fundaron con los N.N. un parlamento. Todos juntos le dieron al experimento el nombre de República de Bolívar y en grupo intentaron dar un paso hacia la modernidad. Si les fue o no posible conseguirlo, es algo sobre lo que discuten aún hoy los expertos. Solo queda insistir en que no hay constancia de leyes darvinianas que promuevan exterminios étnicos, lo que para la época y con el ejemplo de otras repúblicas vecinas, es raro y digno de alabar.
Quizá se deba a que los llámeme como a usted mejor le parezca somos urbanos sobre todas las cosas y siempre fuimos pocos. Eso es perfectamente posible, pero lo cierto es que nuestro primer presidente fue un cholo, el Mariscal Andrés de Santa Cruz y como él, creo yo, todos sabemos que somos hijos de la casualidad y del instinto, productos de la ansiedad y el desvarío, por eso nuestra fiesta nacional es el carnaval. A estas alturas y al respecto nadie tiene ninguna duda, no se pueden negar nuestros orígenes violentos. Es algo que se nota en el caos de nuestra arquitectura y en la sangre que derraman nuestras iglesias, también en películas recientes como “quien mató a la llamita blanca” o en novelas como “Estaba borracho, pero me acuerdo”.
Por nuestras tierras han pasado alemanes, libaneses, judíos, japoneses, algún que otro croata y recientemente chinos y coreanos en transito. Gente de todo el mundo, un sin f in de almas descarriadas y seríamos completamente brutos si nuestra sensibilidad no estuviera marcada por la naturaleza e influida por el contacto directo con las otras culturas que ya entonces, y desde mucho antes de que mi pueblo se constituyera en un pueblo, habitan el territorio.
La convivencia con ellas es lo que nos ha proporcionado raíces y ese intercambio fue y es, aún a pesar de estar marcado por el miedo y la ignorancia, una razón de peso para que los llámeme como a usted mejor le parezca en determinados momentos se masacren sin miramientos, con tal de dar algunos pasitos de ciego en lo que los más progresistas consideraban y consideran la evolución.
Tanto es así que hemos tenido una guerra civil y una revolución nacional sin perder ni una sola de las ciudades que fueron desde el principio importantes para nuestra historia y eso a pesar de habernos convertido en nación en 1952, siguiendo el consejo de un pensador cholo como Tamayo e incluyendo definitivamente a las otras culturas que ocupaban el territorio en la vida política del país, imponiendo el servicio militar, nacionalizando empresas, rompiendo con el latifundio y fundando escuelas, aunque todo esto en la medida de nuestras posibilidades, humanas y materiales.
En honor a la verdad hay que decir que los mutantes no somos un pueblo que brille por sus luces y peor aún, la historia más reciente nos dice que muchos de nosotros son además de estúpidos, piratas. En resumidas cuentas, muñecos de la peor calaña, sin duda y sin embargo, me cuesta creer que tanto muerto y tanto libro hayan tenido como único fin gravar en la cabeza de hasta el último boli el lema de “el mar es un derecho, recuperarlo es un deber”, porque sí. Sin ningún fin y sin ninguna otra consecuencia.
En su defensa habría que decir que Bolivia es rara. Sobra con echar una mirada para darse cuenta de que en La Paz, a diferencia de lo que ocurre en todas las otras capitales andinas, la gente camina por la calle vestida como quiere y habla el idioma que mejor le parezca, esto desde siempre y sin que nadie pueda oponerse. Esta peculiaridad que hace de Bolivia algo tan autentico, según los turistas de todos los tiempos, se ha extendió a prácticamente todos los centros urbanos existentes en los últimos 50 años. En la actualidad y desde que se fundara el Estado Boliviano, allá por 1986, la mayoría de los llámeme como a usted mejor le parezca en todas sus variantes, aymaras, quechuas, guaraníes y todos los otros pueblos incluidos en la jurisprudencia del Estado boliviano son urbanos, la mayor parte es menor de 40 años, toma coca cola y tiene un porcentaje mayor o menor de sangre mutante. Me atrevería decir, mucho me temo, que 7 de los 9 millones de almas en el lugar está contaminado, si no 8. Así pues el Duo Dinámico Morales – García Linera no es un accidente.
Visto esto, considerándolo y teniendo en cuenta que más allá de las apariencias la mayoría de los llámeme como a usted mejor le parezca en todas sus variantes, aymaras, quechuas, guaraníes y todos los otros pueblos incluidos en la jurisprudencia del Estado boliviano son pacíficos, lo mejor sería que nuestro siguiente paso en la evolución fuera montar una confederación al mejor estilo de Star Wars, todos podemos ver las películas y hacerlo retomando el contacto con los dos millones de llámeme como a usted mejor le parezca, aymaras, quechuas, guaraníes y todos los otros pueblos incluidos, etc., etc., que están dando vueltas por el mundo, mandan plata, se preocupan y están a un tris de quedarse sin gentilicio.
Puestos a revolucionar, deberíamos intentar fundar todos juntos y en directo, por conexión satelital, algo así como el imperio humanista de los bolis, total por delirar y deberíamos cambiarnos el nombre de llámeme como a usted mejor le parezca en todas sus variantes, aymaras, quechuas, guaraníes y todos los otros pueblos incluidos en la jurisprudencia del Estado boliviano a algo así como Confederación Mutante de los Pueblos Libres de Bolivia y convertirnos en Bolis nomás.
 
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