Escucho en la radio las noticias que llegan desde Londres. El jefe de Scotland Yard habla de partes enfermas en una sociedad que se agrupa para saquear, romper y robar. La denuncia es que muchas personas, la mayoría jóvenes, colapsaron psiquicamente, al parecer no hay otra explicación. Hasta ahora el menor de los más de 600 detenidos en distintas ciudades inglesas, no tiene más de 11 años. ¿Hablamos sólamente de vandalismo pre puber y de adolescentes que, gracias a sus blakberrys, han podido ponerse de acuerdo para saquear centros comerciales, tiendas y supermercados? ¿De dónde viene esa enfermedad? ¿Por qué la policía tiene que amenazarlos con enjuiciarlos como adultos para que se queden en sus casas?
En Europa la crisis afecta directamente al estado de bienestar y lo que queda patente desde que se fueran los curas, los hippies y los punks, es esa ausencia de valores políticamente correcta, que es parte substancial de la educación de la mayoría de los jóvenes en este continente. No estamos hablando de gamberradas que la policía pueda controlar con balines de goma y lanza aguas. La frustración que expresa estos actos violentos és latente, tiene una directa relación con la falta de perspectivas y sobre todo con la imposibilidad de la mayoría de los jóvenes de acender en el futuro, aún el más remoto, de clase social. Supongo que por eso en el estudio más reciente de Adeco en España la mayoría de los chicos quiere ser futbolista. Si tenemos que hacerle caso a los analistas en la radio, de la encuesta publicada en los últimos días en ese país, la opción no tiene que ver tanto con el deporte como con el dinero. Son los nuevos gladiadores.
Aquí, como en el resto del mundo, vivimos viendo series americanas, pero la movilidad social en Europa ahora mismo es un cuento chino. Seguramente podamos contar con los dedos de las manos a los ilustres que han hecho el camino de lavaplatos a millonarios. Este no es el continente de las oportunidades y menos aún desde que a mediados de los noventa -en el caso de Inglaterra ya en los años 80 con Margaret Tacher- se decidiera por la economía de libre mercado a saco. Filósofos de la talla de Peter Sloterijk hablan incluso de post humanismo y la socidad actual, lejos de pensar que los seres humanos somos iguales, concentra todas sus energías en mantener las prerrogativas raciales y de clase de los que pueden heredar. La estética de la superficie es una falacia, no somos iguales porque vistamos igual. Los chicos roban en las tiendas, porque se prometen un mejor futuro a partir de la apariencia y no por necesidad. En mi opinión la urbanidad que caracteriza tal vez los últimos 50 años del viejo continente, tiende a descascararse debajo del oropel de la ropa de marca.
Una de las cosas que más me chocó de estudiar en la universidad alemana fue que, contrario a todos mis prejuicios, la mayoría de mis compañeros de clase venían de familias pudientes. Bien visto el sistema americano, con sus programas de becas y sus subvenciones para niños inteligentes, es mucho más igualitario. Más o menos la misma cantidad de jóvenes acceden a la educación superior de todos los colores. En Alemania al rededor del 30% de los jóvenes llegan a la Universidad. Los procesos de selección son tan duros desde el principio, que es muy difícil que un hijo de trabajadores, peor si es hijo de extranjeros, así por las buenas llegue a la Universidad. En mi generación y entre las personas que tienen estudios universitarios, incluidos aquellos que dicen de sí mismos ser de izquierda, uno de los insultos más frecuentes es: “prolet”, viene de proletario y si Marx hubiera podido prever este desarrollo lingüístico, a lo mejor habria escogido otro idioma para escribir sus textos. Hace 14 años que me escandalizo por eso y entre tanto pienso que, la diferencia principal con los Estados Unidos es que aquí los trabajadores pagan con sus impuestos, que los niños bien los insulten con un lenguaje exquisito y al hacerlo, se sientan respaldados por todo un sistema social, económico, gramatical.
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El español y los movientos sociales
mayo 20, 2011
“La noticia más importante del día de hoy es la ocupación de la plaza en la Puerta del Sol. Esta noche el 15-M llama a una demostración en silencio” dice la radio española, que es la que escucho varias horas al día. Si algo tenían en común mis ex, además de hablar español y de ser inmigrantes, era su fascinación por las noticias y su pasión por los problemas que se cernían sobre sus respectivos países.
Sin haber vivido nunca en España, siento que mi relación con el país es muy intima, tanto como para haber conocido, como cualquier aborigen, a García Montero en la cama o para poder tararear una canción de Loquillo. Nada puedo hacer contra el sentimiento de propiedad que me despiertan los lirios del campo andaluz en el invierno, de ahí que como hacen los alemanes con sus países fetiche, no pueda dejar de consumir información y cultura, sin embargo nunca he podido hacerme a la idea de vivir ahí. El nacionalismo acomplejado que rodea cada vez más a lo español, me parece incomprensible. Hay una necesidad tan apremiante de ser reconocido como centro europeo que las réplicas de los personajes de Friends, la serie americana, inundan las calles de Berlín. ¿Quién ha dicho que lo europeo es anglosajón? ¿Quién?
Los españoles en mi barrio muchas veces son tan evidentes, tan modernillos, tan nuevos ricos o möchte gerne ricos, que dan risa y empiezo a darle la razón a los alemanes, cuando burlándose de la avalancha de nuevos Gast Arbeiter que nos asola, proponen poner una tranca. Que entren al barrio sólo la misma cantidad de españoles que salen, porque sino dejamos de ser multiculturales y dado que la izquierda alternativa es al menos en teoría internacionalista, nuestros héroes siguen siendo los partisanos, en realidad los españoles que mejor nos caen son los que pertenecen también en España a las distintas minorías étnicas del lugar. He pasado buena parte de mi juventud yendo a fiestas de solidaridad con el País Vasco y supongo que no es casualidad que durante los estudios mis mejores amigos fueran catalanistas. Esa es la consecuencia de haber limado mis prejuicios en la universidad alemana.
Antes de llegar aquí, pensaba que todos los españoles eran franquistas, entre otras cosas porque sus usos y sus maneras se correspondían claramente con aquellos en los que pretende vivir, la que yo considero que es, la parte más rancia de mi propia sociedad. Sin mencionar que por entonces, para mi los buenos, los que habían podido sobrevivir, se habían ido. Hasta Buñuel llegó a México, en México nuestro idioma tuvo su 68, fue en México dónde por primera vez se edito a Sartre, en México escribió Bolaño su manifiesto infrarealista y fue ahí donde se conocieron Fidel y el Che. Era donde Trozki se fue al exilio. Si a los 18 años yo hubiera tenido dinero, me habría ido a estudiar a la UNAM y la fascinación con México, es algo que comparto con algunos poetas alemanes que más me gustan. De ahí, supongo yo que me parezca incomprensible que un país se adjudique mi idioma y/o las ideas que se han gestado en mi idioma. Porque mi idioma desde hace mucho es el esperanto natural del mundo y nada puede asociarlo a la península, más de lo que puede asociarlo a las islas del caribe o a los picos de los Andes o a las calles de París, Queens o Waschington DC. A más tardar después de Lezama Lima, Cesar Vallejo o Alejandra Pizarnik, el español y la mixtura de culturas que lleva consigo es mucho más grande y poderosa que un sólo país. En la discusión de si el idioma debe llamarse castellano o español, yo siempre me decanto por la última palabra. Estoy convencida de que la referencia al antiguo Estado colonial, es la que mejor define la lengua que yo hablo, en su registro. Un menjunje entre castellano, catalán, vasco, gallego, aymara, quechua y otras lenguas nativas. Una ensalada que respeta esa gramática simple y antigua, con la que fue inculcada hasta la sangre la palabra de Dios, también en la península. No fue casualidad que se unificara la lengua el mismo año en qué se descubrió América. Ese era su destino, convertirse en el idioma de la República, en el instrumento de La Raza Cósmica, como la describe José Vasconcelos ya en 1925.
Si el inglés es el idioma de la libertad, después de la independencia de los Estados Unidos, el español es el idioma del ciudadano. Representa a una cultura educada en la convivencia, obligada a la convivencia por razones de fuerza mayor. Esa es la herencia que me han dejado mis mayores. Eso es lo que ha demostrado la resistencia civil a las dictaduras en nuestros países, las movilizaciones sociales de los piqueteros en la Argentina, las movilizaciones de las distintas asociaciones de pueblos indígenas -ya que incluso entre ellos la lengua franca es es el español- y sindicales a lo largo de los años ochenta y noventa, las revoluciones democráticas que han tenido lugar en distintos países latinoamericanos en los últimos diez años. El 15-M es hoy por hoy, al igual que la sociedad organizada que en México está tratando de llevar otra vez paz a las calles, una expresión de nuestra cultura y la Europa actual en eso no juega realmente un papel, si acaso puede aprender de lo “latino”, de lo “hispano”, si lo latino da el paso de asumirse y reconocer sus actos. Su peso. Las consecuencias tambien afortunadas de su interdependencia. Somos cuatrocientos millones de personas y creciendo y nuestro idioma después del inglés, es el que más se aprende en el mundo.
Apoyar presencialmente la demostración de mañana en Berlín en respaldo a las movilizaciones sociales que están teniendo lugar en distintas ciudades españolas, es también compartir con la sociedad civil alemana, algo que en nuestro idioma, por experiencia, sabemos hace tiempo. El sistema neoliberal, ese que a nosotros nos obligó a asumir el FMI en los años noventa a dos mil, con la liberalización de la economía y la privatización de los servicios básicos y que ahora pretende terminar de imponerse aquí, es indigno. Va en contra de nuestros principios y de una convivencia pacífica. Si la gente tiene que comer y es feliz, no es necesaria tanta policía.
La nueva Europa si es algo, es torpe y usurera en su parodia políticamente correcta de una soup opera americana. Los votantes de la CDU y del PP, de la SPD y del PSOE son inconfundibles y precisan para ratificarse, la construcción de un sentimiento de pertenencia excluyente, tan excluyente que excluye a sus propios ciudadanos, que están cada vez más lejos de una democracia real. Criticar el sistema, significa en primera línea poner en tela de juicio, aquello que no representa ni si quiera a mi cultura y estamos onligados a vivir a diario. ¿Y si como emigrante hispanohablante, también en Alemania, una España cañi fuera lo que yo necesito para poder desarrollarme como ciudadano?
Con el paso de los años, entre los que efectivamente vivimos en Berlín y hablamos espanñol, el país de origen es una anécdota, tenemos muchas otras cosas en común, tanto más importantes y además: ¿Qué sociedad se puede construir con clones que chapurrean en inglés?
De momento no hay un sueño europeo, los complejos abundan y aunque yo no sea nadie para decirlo, mi deseo es que el domingo en Madrid, por una vez gane Izquierda Unida. Sino es porque ellos puedan hacerlo mejor, al menos como voto castigo y para romper con el modelo Bipartidista. ¡Mucha suerte!
Sin haber vivido nunca en España, siento que mi relación con el país es muy intima, tanto como para haber conocido, como cualquier aborigen, a García Montero en la cama o para poder tararear una canción de Loquillo. Nada puedo hacer contra el sentimiento de propiedad que me despiertan los lirios del campo andaluz en el invierno, de ahí que como hacen los alemanes con sus países fetiche, no pueda dejar de consumir información y cultura, sin embargo nunca he podido hacerme a la idea de vivir ahí. El nacionalismo acomplejado que rodea cada vez más a lo español, me parece incomprensible. Hay una necesidad tan apremiante de ser reconocido como centro europeo que las réplicas de los personajes de Friends, la serie americana, inundan las calles de Berlín. ¿Quién ha dicho que lo europeo es anglosajón? ¿Quién?
Los españoles en mi barrio muchas veces son tan evidentes, tan modernillos, tan nuevos ricos o möchte gerne ricos, que dan risa y empiezo a darle la razón a los alemanes, cuando burlándose de la avalancha de nuevos Gast Arbeiter que nos asola, proponen poner una tranca. Que entren al barrio sólo la misma cantidad de españoles que salen, porque sino dejamos de ser multiculturales y dado que la izquierda alternativa es al menos en teoría internacionalista, nuestros héroes siguen siendo los partisanos, en realidad los españoles que mejor nos caen son los que pertenecen también en España a las distintas minorías étnicas del lugar. He pasado buena parte de mi juventud yendo a fiestas de solidaridad con el País Vasco y supongo que no es casualidad que durante los estudios mis mejores amigos fueran catalanistas. Esa es la consecuencia de haber limado mis prejuicios en la universidad alemana.
Antes de llegar aquí, pensaba que todos los españoles eran franquistas, entre otras cosas porque sus usos y sus maneras se correspondían claramente con aquellos en los que pretende vivir, la que yo considero que es, la parte más rancia de mi propia sociedad. Sin mencionar que por entonces, para mi los buenos, los que habían podido sobrevivir, se habían ido. Hasta Buñuel llegó a México, en México nuestro idioma tuvo su 68, fue en México dónde por primera vez se edito a Sartre, en México escribió Bolaño su manifiesto infrarealista y fue ahí donde se conocieron Fidel y el Che. Era donde Trozki se fue al exilio. Si a los 18 años yo hubiera tenido dinero, me habría ido a estudiar a la UNAM y la fascinación con México, es algo que comparto con algunos poetas alemanes que más me gustan. De ahí, supongo yo que me parezca incomprensible que un país se adjudique mi idioma y/o las ideas que se han gestado en mi idioma. Porque mi idioma desde hace mucho es el esperanto natural del mundo y nada puede asociarlo a la península, más de lo que puede asociarlo a las islas del caribe o a los picos de los Andes o a las calles de París, Queens o Waschington DC. A más tardar después de Lezama Lima, Cesar Vallejo o Alejandra Pizarnik, el español y la mixtura de culturas que lleva consigo es mucho más grande y poderosa que un sólo país. En la discusión de si el idioma debe llamarse castellano o español, yo siempre me decanto por la última palabra. Estoy convencida de que la referencia al antiguo Estado colonial, es la que mejor define la lengua que yo hablo, en su registro. Un menjunje entre castellano, catalán, vasco, gallego, aymara, quechua y otras lenguas nativas. Una ensalada que respeta esa gramática simple y antigua, con la que fue inculcada hasta la sangre la palabra de Dios, también en la península. No fue casualidad que se unificara la lengua el mismo año en qué se descubrió América. Ese era su destino, convertirse en el idioma de la República, en el instrumento de La Raza Cósmica, como la describe José Vasconcelos ya en 1925.
Si el inglés es el idioma de la libertad, después de la independencia de los Estados Unidos, el español es el idioma del ciudadano. Representa a una cultura educada en la convivencia, obligada a la convivencia por razones de fuerza mayor. Esa es la herencia que me han dejado mis mayores. Eso es lo que ha demostrado la resistencia civil a las dictaduras en nuestros países, las movilizaciones sociales de los piqueteros en la Argentina, las movilizaciones de las distintas asociaciones de pueblos indígenas -ya que incluso entre ellos la lengua franca es es el español- y sindicales a lo largo de los años ochenta y noventa, las revoluciones democráticas que han tenido lugar en distintos países latinoamericanos en los últimos diez años. El 15-M es hoy por hoy, al igual que la sociedad organizada que en México está tratando de llevar otra vez paz a las calles, una expresión de nuestra cultura y la Europa actual en eso no juega realmente un papel, si acaso puede aprender de lo “latino”, de lo “hispano”, si lo latino da el paso de asumirse y reconocer sus actos. Su peso. Las consecuencias tambien afortunadas de su interdependencia. Somos cuatrocientos millones de personas y creciendo y nuestro idioma después del inglés, es el que más se aprende en el mundo.
Apoyar presencialmente la demostración de mañana en Berlín en respaldo a las movilizaciones sociales que están teniendo lugar en distintas ciudades españolas, es también compartir con la sociedad civil alemana, algo que en nuestro idioma, por experiencia, sabemos hace tiempo. El sistema neoliberal, ese que a nosotros nos obligó a asumir el FMI en los años noventa a dos mil, con la liberalización de la economía y la privatización de los servicios básicos y que ahora pretende terminar de imponerse aquí, es indigno. Va en contra de nuestros principios y de una convivencia pacífica. Si la gente tiene que comer y es feliz, no es necesaria tanta policía.
La nueva Europa si es algo, es torpe y usurera en su parodia políticamente correcta de una soup opera americana. Los votantes de la CDU y del PP, de la SPD y del PSOE son inconfundibles y precisan para ratificarse, la construcción de un sentimiento de pertenencia excluyente, tan excluyente que excluye a sus propios ciudadanos, que están cada vez más lejos de una democracia real. Criticar el sistema, significa en primera línea poner en tela de juicio, aquello que no representa ni si quiera a mi cultura y estamos onligados a vivir a diario. ¿Y si como emigrante hispanohablante, también en Alemania, una España cañi fuera lo que yo necesito para poder desarrollarme como ciudadano?
Con el paso de los años, entre los que efectivamente vivimos en Berlín y hablamos espanñol, el país de origen es una anécdota, tenemos muchas otras cosas en común, tanto más importantes y además: ¿Qué sociedad se puede construir con clones que chapurrean en inglés?
De momento no hay un sueño europeo, los complejos abundan y aunque yo no sea nadie para decirlo, mi deseo es que el domingo en Madrid, por una vez gane Izquierda Unida. Sino es porque ellos puedan hacerlo mejor, al menos como voto castigo y para romper con el modelo Bipartidista. ¡Mucha suerte!
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Soy una rebelde en Bengasi!
marzo 23, 2011

A los 16 años terminé en un colegio de quinta en el centro de la ciudad de La Paz y me pasó una cosa muy extraña. En realidad nos pasó a todos los que nos encontramos en el San Patricio el 93. No sé si alguien más se acuerda, pero ahí estaba el profesor de historia. Ya no sé su nombre, tampoco puedo decir que me haya caído particularmente bien. Era un señor gordo y bajito, muy blanco, que se ponía rojo hasta el morado y de vez en cuando tenía ataques de gritos.
Nunca olvidare su introducción a la geopolítica a partir de la guerra de Yom Kipur. Quizá porque era la primera vez que en la escuela me hablaban de países tan lejanos, aunque lo más probable es que lo que me haya marcado fuera que, la misma persona que afirmaba no creer en dios, incluyera en su análisis de cuadros una tabla de verdad tan implacable. Casi fanática, que yo sólo conocía de los curas. Así había resuelto él ideológicamente su posición moral frente al ejercicio de la violencia. Porque en su opinión, era fundamental que a partir de la propia conciencia se respondiera a la necesidad de decidir sobre la vida de los otros. En el fondo en eso consistía ser de derecha o de izquierda y tarde o temprano la historia siempre nos pone ante la disyuntiva de tener que decidir. Entonces hay que tener una opinión y ser valientes.
Recién ahora soy consciente de que esa fue mi modesta introducción a Sartre y personalmente no creo que sea posible abrazar ninguna corriente coerentemente, sin elaborar una tabla de verdad consecuente con nuestra conciencia. Libertad, igualdad, fraternidad esas siguen siendo las palabras que mejor definen la conciencia colectiva de la comunidad imaginara a la que pertenezco y que aspira, según yo entiendo, a que se juzgue con ecuanimidad. Eso es para mi ser de izquierda en pleno siglo XXI. Para mi la revolución consiste en crear un marco legal que se respete y que garantice una convivencia armoniosa. Toda ideología incluye una doctrina. Una armazón que la va refiriendo a sus antecesoras, hasta el principio de los tiempos. Yo creo en la justicia y en el derecho a la vida y a la autodeterminación del sujeto.
¿Por eso soy de izquierda? Si, yo creo que sí. Porque a estas alturas por encima de mi fe en el sujeto, no hay ni un dios ni una patria ni un sexo ni chinga su madre. Soy de izquierda porque creo que el ser humano es libre y que su dignidad es inalienable y pienso que el bienestar de las personas en general, debe ser más importante que los beneficios individuales. Así pués, justifico el uso de la violencia en determinadas ocasiones, porque soy capaz de reconocer en el tiempo, que hay luchas que sólo pueden ganarse con las armas y creo como Sartre que, más allá de que las ideas que acompañan muchas de las decisiones de instituciones como las Naciones Unidas sean imperialistas, osea más allá de que sean capitalistas, ejemonistas y burguesas, las intenciones con las que fueron creadas dichas instituciones no son asesinas. Todo lo contrario, surgen de la necesidad de organizar al mundo frente a la amenaza del nazismo. Al menos en teoría y aunque desde su fundación la ONU no haya sido todo lo eficaz que debiera, quiero creer que la Guerra de Irak de 2003 también aquí marcó un hito.
Quiero creer que fue el principio de un cambio del orden en el mundo, de un giro importante en la historia de la administración de la sociedad de naciones. La razón por la que un Barak Obama es posible, fue porque un Busch Jr marchó contra Sadam, en contra del propio pueblo irakí y sin el respaldo de las Naciones Unidas. La Guerra de Irak fue producto del abuso de poder y según las leyes internacionales y los convenios que han firmado 192 naciones en el mundo, es posible que algún día Georg Busch Jr tenga que enfrentarse a un tribunal internacional.
Aunque suene anecdotico, podemos juzgarlo. Al menos hemos conseguido un marco de referencia, que nos permite decidir en común sobre lo que consideramos que es justo. De nosotros depende exigir que se cumplan las leyes. A eso debería aspirar el arbitraje y es precisamente eso lo que intenta conseguir el escudo aéreo sobre Libia. No invadir el país.
Según yo entiendo, la izquierda debería luchar para que se establezcan condiciones justas y claras de convivencia entre las personas. La verdadera revolución es dejar de defender las prerrogativas económicas de los fuertes y apoyar en cambio la libertad de la gente. Un gobierno que tiene que atacar a su propia población con el ejercito para sostenerse en el poder, no es es un gobierno legítimo y yo no entiendo a la izquierda occidental actualmente. En realidad empiezo a preguntarme si soy de izquierda realmente.
Me siento más bien como una extraterrestre y la idea de que el socialismo del siglo XXI esté dispuesto a darle asilo político a Gaddafi, hace que se me paren los pelos de punta. Porque para mi es igual a declarar abiertamente su adhesión al totalitarismo. No es más que un gesto simbólico de respeto a la verticalidad, a la brutalidad, a la intrancigencia que conocemos los pueblos latinoamericanos de los milicos. Sólo Pinochet fue capaz de soltar a los aviones contra su propia gente y quién entiende a Izquierda Unida en España o la reacción en Alemania. Quién entiende a todos los intelectuales que estuvieron viendo las fotos del desastre del Japón mientras llegaban los sicarios a Libia, pensando exclusivamente en su futuro artificialmente ecológico a 200 años plazo. ¿Cuántos muertos puede soportar la voluntad humana?
En Europa sabemos que en Libia, Gaddafi está asesinando a su gente. El Mediterráneo es un pañuelo. Las patrullas navales de la Unión Europea hacen horas extras en las costas italianas hace meses. Quiero que alguien me explique en este momento: ¿cuál es la diferencia entre un inmigrante ilegal y un refugiado de guerra? Porque no la entiendo y no entiendo a la izquierda alemana. Es esquizofrénica o liviana o demasiado concienciada con el medio ambiente, tanto que es incapaz de reaccionar ahora, en este instante ante la barbarie, como si no conociera su propia historia. En Berlín le doy la razón a Joschka Fischer, líder histórico de los verdes, que dijo ayer lo que deberían haber dicho todos los que se dicen así mismos de izquierda, más allá de los matices ideológicos: „No es posible festejar la revolución egipcia y abstenerse en Libia“. ¿Cuantos muertos puede soportar la voluntad humana?
A veces cuando en Berlín, sentada en mi cocina escucho las noticias de mi país, siento miedo. Al menos por la angustia que me transmiten las voces en la radio, a veces pienso que es posible que llegue el momento en el que seamos capaces de romper el pacto tácito que nos mantiene unidos a pesar de todas nuestras diferencias. Entonces dudo más que nunca si soy, como yo considero, efectivamente una boliviana de izquierda. Ya que la verdad es que si las cosas se ponen feas, yo sería la primera en pedir que nos intervengan, que nos detengan, que nos impidan hacernos daño mutuamente. En realidad el principal problema ético que tengo con el gobierno revolucionario del MAS en Bolivia es que en mi opinión, no garantiza ni quiere garantizar condiciones legales claras de convivencia, prefiere el uso de la autoridad, y yo creo en el cambio si, pero ante la primera evidencia del asesinato, espero que las personas que creen efectivamente en la igualdad entre los seres humanos, estén dispuestas a matar si es necesario, por conseguir que se mantenga la democracia y se respeten los derechos humanos de todos los ciudadanos.
Frente al totalitarismo y a la brutalidad, ahora sólo puedo decir lo que pienso de los milicos en los años setenta en mi país o lo que siento cuando leo sobre los nazis, los facistas: ¡Nunca más! Mi solidaridad sigue estando del lado de los que luchan por la libertad. Soy una rebelde en Bengasi y ¡Gaddafi no pasara! Para mi eso es La Internacional, sino la izquierda como una alternativa global pierde por completo su sentido.
Imagen extraida de:http://www.terra.com.co/noticias/articulo/html/acu40624-miles-de-personas-huyen-de-bengasi-bastion-rebelde-en-libia.htm
Tropece de nuevo con la misma piedra
agosto 05, 2010

"la música militar nunca me supo levantar"
La mala reputación - Paco Ibañez
Hay muchas cosas sobre las que no tengo una opinión, hay tantísimas cosas que me parecen contradictorias. De mi país sólo puedo decir que vivir una revolución con pinta mediática de guerra civil como voyeurista, a diez mil kilómetros de distancia, es esquizofrénico. Hay días en que pienso: cualquier rato llegamos a las manos, esto es un suicidio. Se dice que el gobierno quiere desplazar el feriado nacional, pasarlo del 6 de agosto al 22 de enero y hay quien se ofende. Hay gente a la que le encanta el himno nacional. No es mi caso. Desde chica las horas cívicas me llegan al huevo y además la mayoría de los conciudadanos en lugar de decir „el hado propicio“ entona a voz en cuello „qué viva helado propicio“, así se ha confundido al Estado con un frigorífico paupérrimo.
Me pregunto a menudo qué es lo que pensaban los que antes no gobernaban de lo que era gobernar, porque ahora que los veo hacerlo confirman que ese error semántico, repetido por generaciones, puta que ha hecho mella. La moral socialista deja tanto que desear como la moral imperialista. Eso es evidente. Así que para mi el 22 de enero tampoco es una opción. Desde que cambió la visión del ejercito a „patria o muerte“, la verdad es que ya me imagino la que se nos viene y se repiten las nauseas que me daban a los 17 años.
Cuando era adolescente odiaba el seis de agosto porque era el día en el que los militares salían a la calle a mostrar sus mejores galas y yo a principios de los 90 odiaba a los militares, sin mencionar que tenía que pasar horas como una estúpida con uniforme en algún desfile. Los usos y las maneras del ritual me han parecido siempre fascistas y cómo no iban a parecérmelo, si fueron los años de dictaduras militares los que „asentaron“ en la conciencia popular la efemérides nacional. Sin servicio militar obligatorio, la mayoría de los bolivianos no sabría ni remotamente lo que es una escarapela y probablemente tampoco qué es Bolivia.
El ejercito de Bolivia probablemente es el que menos problemas tiene con la historia. Según su página oficial se fundaron en 1810. O sea 15 año antes de que se fundara la República de Bolivar y tuvo su época dorada hasta 1926, cosa que me parece sospechosa realmente. No hay ninguna mención a Simón Bolivar. Sobre la guerra del Chaco dos líneas „se perdieron 50.000 vidas...“. Luego un salto mortal hasta 1967. Ni una mención a la revolución del 52. Es decir, ninguna referencia a la muerte de la República de Bolivia, que le dio paso a la Nación Boliviana. Ni una palabra sobre las reformas estructurales y completas que hizo el primer gobierno del Doctor Paz Estensoro.
1967 ocupa el mismo espacio que la Guerra del Chaco en el texto: „el ejercito combate contra la subversión Castro-Comunista cuya victoria hecha por tierra los propósitos de establecer una base de operaciones subversivas en nuestro país“. Luego otro salto mortal en la historia hasta el gobierno del General Banzer -sin referirse exactamente a cual de los dos- que convierte al ejercito en responsable de la „lucha contra el narcotrafico en la región del Chapare“ y luego sin explicar muy bien el paso dado a nuestra condición actual de Estado Plurinacional de Bolivia, ahora el Ejército Nacional es responsable además de repartir el bono Juancito Pinto y „En la gestión 2006, el gobierno del presidente Evo Morales Ayma, toma la decisión histórica de nacionalizar nuestros hidrocarburos, asignando al Ejército la misión de devolver la dignidad a nuestro pueblo, ocupando en una operación sincronizada las fuentes de riqueza“. 6 de agosto, 22 de Enero... qué más da, si hay cosas que nunca cambian y el país nuca pierde su tufillo a cuartel.
Para mi la única fecha nacional que tiene algún sentido es el 9 de Abril, día en el que se recuerda la Revolución Nacional, misma que nos hizo en su momento ciudadanos, razón por la cual a su vez, cincuenta años después, podemos cambiarnos el nombre colectivo en las urnas. Sin tiros.
Sartre para Bolis
septiembre 23, 2009

Si me corresponde ser la persona que tome la palabra es algo que dudo, lo que me mueve a hacerlo es la necesidad de comunicar, como diría Max Frisch. Esta nota tiene más que ver con la urgencia de no sentirme sola de cara a las preguntas que afectan nuestro tiempo, a las dudas que sentimos todos, antes que afirmar que tengo razón o que lo que voy a decir sea la verdad. ¿Qué es la verdad? ¿Qué es libertad? ¿Qué es democracia? Abordo estas preguntas con la inseguridad del autodidacta y desde la certeza intima de ser una cualquiera, como lo entendía Sartre. Es decir desde la aceptación de mi condición de boliviana occidental andina de provincia, escuchando las noticias y los debates en Radio Panamericana a 10.000 kilómetros de distancia. Desde mi realidad de migrante con tarjeta de residencia, pero sin ninguna otra nacionalidad que la boliviana. Es decir desde mi historia de trabajadora sin derechos ciudadanos hace más de 10 años. He votado sólo dos veces en la vida, tengo 32 años, soy una escribiente. “El hombre es lo que hace con lo que hicieron de él".
"El hombre es lo que es y lo que hace" y este es solo un intento desesperado de proponer una salida para el tiempo raro que nos ha tocado vivir como occidentales del extremo. La intento desde Sartre, ¿Por qué sartreana y no socialista o marxista o capitalista o feminista o cristiana? Básicamente porque “El Existencialismo es un Humanismo”, tal vez el último que haya sido capaz de formular nuestra cultura y su mérito está en que, promueve la observación del sujeto desde distintas disciplinas. Para Sartre el nuevo hombre es polivalente, pluridimencional y es capaz de virtualizarse en el otro. No con el fin de establecer una única verdad, sino con el fin de concebir lo humano. Ese eso que nos hace reconocer a los otros seres de la misma especie y nos permite convivir con ellos, a pesar de todas las diferencias físicas y de todos los ismos.
Sartre a mi parecer, sostiene que los occidentales somos burgueses en esencia, porque en nuestro desarrollo como sociedad, hemos adquirido aspiraciones burguesas. Nuestro esquema de valores promueve un conformismo social que consiste en establecer una familia con jerarquías rígidas y pertenecer, gozando de cierto reconocimiento, a una tribu regida por las mismas jerarquías. Esto por lo general, viene acompañado de algún tipo de bienestar, normalmente económico y de la propiedad.
Nos caracteriza el hecho de que tenemos un Dios, que ha justificado por milenios los medios de producción e iglesias que los han administrado y administran sobre la tierra. El capitalismo es una construcción colectiva y es más que un modelo económico. Es parte de la idiosincrasia, de lo que nos diferencia como humanos de todo lo otro. Del musulmán con su dios, del kallawaya con los suyos, de cualquier otra persona que tenga una creencia intima diferente. También en América, también en Bolivia. Es como quien dice nuestra Matrix y los occidentales no podemos por revolución armada de un día para otro dejar de ser burgueses, tampoco los comunistas y si no, que alguien les pregunte ahora a los polacos.
Lo que Sartre en el 67 pensaba, en 2009 es un hecho irrefutable. Las dictaduras socialistas occidentales no han sido menos burguesas en sus valores sociales y en sus maneras de control del individuo que las dictaduras y democracias capitalistas. Reducirlo todo a números, a conceptos económicos, a modelos de producción, a parafernalias nacionalistas es en mi opinión un insulto al individuo, es seguirnos negando a respetar lo más sagrado que tiene el ser humano, indistintamente de cual sea su cultura o su sexo, que es la facultad del libre albedrío. El derecho a decidir y la responsabilidad de cargar con las consecuencias de sus actos. Para Sartre el hombre tiene siempre la última palabra, hasta en la muerte es libre. Cada uno de los miembros del colectivo es responsable del derramamiento de sangre o de la buena convivencia. Aplicado esto a nuestro país significaría que, cada uno de nosotros es responsable de la corrupción y de la división del país. También de la infamia, de la sinvergüenza con la que se miente en la actualidad, por ende de la violencia, que será consecuencia segura de la polarización después de las elecciones de diciembre.
¿Por qué participar entonces? ¿Por qué aceptamos participar en comicios improvisados, que lo único que van ha hacer es profundizar el caos? ¿Por qué escogemos como representantes, justamente a las personas que menos pueden hacer por lograr que los bolivianos volvamos a encontrarnos? ¿Por qué Álvaro García Linera o Manfred Reyes Villa y gente como ellos? ¿Por qué? Nadie nos obliga a pagar millones por algo que va a traernos a todos más mal que bien. Mientras no nos hayamos puesto de acuerdo en cómo va ha funcionar el aparto jurídico del Estado, cualquier votación no haría más que destruir nuestra democracia. Darle el tiro de gracia a lo único por lo que nos sentimos orgullosos todos los bolivianos.
Es posible que sólo hable por mi, sin embargo pienso que el resultado de las elecciones de 2005 me autoriza a hablar en nombre de la mayoría de los ciudadanos del país. Los bolivianos queremos y reconocemos como nuestro presidente al señor Evo Morales Ayma. Por mayoría absoluta queremos, los aymaras, los quechuas, los pueblos indígenas del oriente y los occidentales andinos, la Nueva Constitución Política del Estado y además, con nuestra participación en los comicios hemos demostrado que seguimos queriendo ser democráticos, es decir que por mayoría absoluta también, aceptamos las leyes capitalistas y burguesas, por que son las que nos hacen ciudadanos y a nuestro país miembro de las Naciones Unidas, subscriptor de la Declaración de Derechos Humanos, etc., etc. Como dice Sartre: "no son criminales" aun cuando yo como Sartre nos declaremos enemigos de los burgueses y usted también si quiere.
Como bolivianos lo único que debería importarnos, indistintamente de si es usted cholita o cawallero, peladinga o kallawaya, revolucionaria o doctor es destruir el Imperialismo, o sea que el más fuerte imponga sus reglas a pesar de la ley. Que Estados Unidos tenga derecho a invadir Irak, que los países del G8 no cumplan el Protocolo de Kioto o los Objetivos del Milenio, que nosotros nos dejemos llevar al enfrentamiento por culpa de los cuatro pelotudos que azuzan nuestro racismo, que los Monopolios desangren a nuestra gente. Hay leyes, nosotros tenemos leyes, hay leyes internacionales, somos parte del mundo. “El hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”, así que reaccione, aun estamos a tiempo de unirnos para construir algo bien hecho, que se sostenga en el tiempo. Como dice Sartre asumamos un compromiso, para poder vivir en democracia deben respetarse y aplicarse las decisiones que se toman en las urnas. Antes de volver a elegir consigamos que los que nos gobiernan, que no son otros que los que se presentan a los comicios de diciembre, lleguen a acuerdos básicos respecto a como van a aplicarse las nuevas leyes. La verdadera revolución es dejar de mentir.
„Siempre fui un lápiz“
mayo 14, 2009

Dice Toulouse- Lautrec con una sonrisita de medio lado, en los pósters que empapelan algunas estaciones del metro de Berlín. “Siempre fui un lápiz” leo otra vez y me fijo más detenidamente en el tipo enjuto, con barba y sombrero de paja, que parece sentirse muy incómodo frente a la cámara. ¿Quién sería el fotógrafo? Tal vez la fotógrafa. Lautrec sonríe tímidamente, sentado sobre un taburete, con las manos contenidas y reposadas sobre sus piernas.
Apenas medía 1, 52 metros y según los que lo conocían, a simple vista parecía que su tórax y sobre todo su cabeza, pesada y grande, habían aplastado esa piernas debiluchas que apenas podían sostenerlo. En realidad como hijo de los Condes de Toulouse- Lautrec, su vida podía haber sido mucho más bonita de lo que fue, pero le tocó en suerte ser un enano deforme y el sólo se convirtió en un borrachín.
Era un engendro tímido y gracioso, oculto en la oscuridad de los bares y en la algarabía de los burdeles, mirando como un poseso y tratando, ufanamente, de captar ese contexto de colores brillantes, mientras se templaba el ego a punta de absenta. Aquellos años locos del Moulin Rouge de finales del siglo XIX, lo pusieron a pintar carteles de espectáculos, retratos de cantantes, cuadros de prostitutas ofreciendo el cuerpo al mejor postor o a algún médico, que debía hacerles una cura.
Una belleza de trazos nerviosos y entrecortados, que se escapaban de la luz natural de los campos, para adentrarse en los fulgores de la electricidad y en el paisaje de las almas perdidas. Postimpresionista y descreído de cualquier manifestación artística que evada al individuo, que se escape del pueblo, iba Toulouse por las calles de París hacia 1886 alcoholizado hasta el delirio. Su relación con Suzanne Valadon acababa de terminar abruptamente, después de que ella lo amenazara con suicidarse si no había boda. Algunas veces tuvieron que recogerlo de las calles y llevarlo a casa, en otra ocasión, para no dejar nada al azar, lo encerraron en un manicomio sin más. Podía pasar que aquel monstruo de buena familia terminara muerto de frío en alguna esquina, azuzando el qué dirán y rompiendo con las normas de la buena sociedad, a la que muy a su pesar, para siempre pertenecería y al cobijo de la cual murió al final, el 9 de septiembre de 1909 en Malrome, el castillo que tenían sus padres.
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Post Mortem
mayo 05, 2009

Para Cirano
„La Señora Madre ha muerto, hacía tiempo que la tenía olvidada, su fin me la devuelve a la memoria, aunque sólo sea por unas horas, meditemos sobre ello antes de que caiga otra vez en los pozos del olvido. Me pregunto si la quiero y me veo esforzado a responder: No.”. Así empieza un libro apenas conocido en español. Se trata del Post Mortem de Albert Caraco, publicado por primera vez en francés en 1968.
Es un libro extraño. Uno de esos que sorprenden por haber sido escritos y reeditados; por haber sido recién traducido al español, en resumidas cuentas por existir físicamente y no ser parte de la biblioteca imaginaria de Borges. Su autor también podría haber sido producto de la imaginación de Jorge Luís. Un hombre que, como el autor argentino, podría decirse odiaba los espejos, porque tienen “la abominable capacidad de reproducir a los hombres”, tratamos pues, con un fatalista superlativo y anacrónico.
Con un misógino que se desnuda, sin perder el pudor, frente al recuerdo de la mujer que lo ha parido y que nos deja ante el retrato conmovedor de un niño viejo. Fingiendo una inocencia inexistente, disimulando, como escribe él mismo, “por condescendencia hacia sus padres”, su hastío del mundo.
Caraco comenzó a escribir el libro mientras su madre agonizaba y durante los meses que siguieron a su entierro en 1963. En él podemos descubrir a un ser humano atrincherado en su ideología. Si es que podemos llamar así al andamiaje emocional que construyen algunas personas sobre la base de las palabras que van recolectando de los libros, hasta internalizarlas como una forma irrefutable de vida.
En el caso de Caraco, un nihilista considerado por algunos como un pensador de extrema derecha y sin embargo citado en los círculos anarquista, se representa en la frialdad aparente de una escritura que, en realidad, está delineando los contornos de la humanidad de su autor: Un suicida con conocimiento de causa, frío y calculador. Un verdadero asesino.
Con una honradez alucinante, línea a línea, Caraco nos adentra en una compleja trama de recuerdos, emociones y elocumbraciones ante el hecho rotundo, definitivo de la muerte del ser que ha determinado su vida. Nos pone al frente la tristeza de un niño cuarentón y desencantado, mundano y a la vez, cohibido hasta la rabia. ( La Señora Madre) “Me impuso el deber de seguir siendo un niño y para consolarme, me hablaba de mi vejez, que me deseaba muy larga y feliz: quería verme a su lado, con la barba blanca, pues lo principal era que yo no fuese un hombre a los ojos de otras mujeres, de quienes se sentía celosa”. Edipo en prosa poética y también el desprecio del intelectual ante el cuerpo mancillado y sobre todo, ante la razón vencida, que se aferra a la vida sin pudor y que en el pavor del trance claudica: “Mi estima por ella se redujo a la mitad, sólo fue una pobre mujer, sus buenas cualidades quedaron desmentidas, y eso me duele, su voluntad de vivir y su esperanza de cura la hicieron fracasar en la muerte.”
Albert Caraco murió en 1971: “Si una mañana mi padre no se despertara, yo lo seguiría de buen grado” y así lo hizo. Se suicidó al día siguiente, consecuente con: “El sentido de lo eterno: quienes lo encuentren serán consolados y nada abatirá a quien lo posea. La vida es un soporte, no una razón, la vida es necesaria, pero no suficiente: tal es la lección que los muertos nos dan”, eso al menos fue lo que él pudo aprender y es la descarnada humanidad de este libro la que lo convierte un clásico.
Selecciones Afectivas
febrero 09, 2009
Todo comenzó cuando nos conocimos en el Goldene Hahn, Marianen Platz en Berlín Kreuzberg. Invierno de 2007, una noche Katchenke[1] básicamente latina. Rother es normalmente el anfitrión, el mago maestro de ceremonias de la literatura en español del SO36. El sector noroeste de la provincia. En esa ocasión el invitado de honor era El Profesor, que acababa de llegar de Buenos Aires con una beca de investigación. Con él llegaron varios libros y una revista, era un camello. Un típico dealer de brolis latinoamericano, que venía a quedarse tres meses.
Comenzamos a hablar, nos identificarnos y después de intercambiar figuritas, empezamos a discutir sobre el estar aquí y el estar allá y el estar en todos lados a un tiempo. Cosa que pasa con frecuencia, cuando una viene del otro lado del charco y que se ha agudizado en el tono, desde que la Comunidad Europea se puso intransigente con su política de migración. Por otro lado los tres tenemos un ordenador y los tres nos sentimos -al igual que todos los poetas que integran esta separata, así como todos los que la integrarían si tuviéramos más espacio o aquellos que hubiéramos podido contactar de haber sabido donde estaban o los que se encontraron en Teruel este septiembre[2]- de viaje y retransmitiendo con el Sur.
Pertenecemos a la generación de los que han preferido hacerse gamba[3] y ha optado por volverse adulta buscando en Google. Nosotros nos enchufamos a la red y nuestro mundo virtual es seguramente casi tan real o mucho más real que ese que se abre cuando salimos de nuestras casas, a la mañana.
On-line somos iguales en la medida de nuestra curiosidad. Fuera no, por lo menos no para la fracción de la diáspora que vive aquí. Aquí somos Latinos, afuera espera el Borderline o en el mejor de los casos la tienda de Bisutería, la oficina de traducción, los amigos que están igual y los otros que ni se enteran de la experiencia del Síndrome de Ulises. Casi nadie consigue el Crossover, quedarse en el oder seide, ¿you now? –cómo diría Cantínflas- a sus anchas, es tan difícil. El intento te puede causar un cáncer a lo largo de una vida de vigilante de museo, en solitario, con tus poemitas a cuestas. A quién puede sorprenderle que Arturo Belano se haya convertido en nuestro James Dean. De alguna manera, nosotros también estamos aquí porque somos detectives de homicidios. Si en algo coincidimos como generación, indistintamente de nuestro lugar de residencia, es en el anhelo individual de poder “volver solo, de noche, a la escena del crimen, y no asustarse de los fantasmas”[4], algo que no es de extrañar si tenemos en cuenta nuestra historia colectiva más reciente.
Escribe Timo Berger en su Laudatium para la entrega del Premio Anna Seghers 2007 otorgado al escritor argentino Fabián Casas “Tanto en sus textos poéticos como en los narrativos, Casas consigue construir metáforas a partir de escenas sueltas, capaces de capturar y transmitir el sentimiento de toda una generación. Esa generación a la que le toco en suerte ser hija de la dictadura militar (1976- 1983) y que después de la “guerra sucia” de la Junta contra la propia población, empezó a preguntar: ¿Que sucedió? Y: ¿que ha quedado de los grandes planes y sueños de la izquierda brutalmente masacrada?”. El poeta alemán se refiere específicamente a la Argentina, pero es evidente que esa tipificación generacional es aplicable a prácticamente todo el continente. Por eso no es raro que Fabián Casas a la fecha haya ganado casi todos los premios de poesía “alternativos”, por llamarlos de alguna manera, en América Latina.
Es innegable que ese: ¿Qué sucedió? Es un cuestionamiento decisivo y latente en los nacidos entre 1970 y 1980 –años más, años menos-, con carácter casi de inevitable o de descreimiento existencial. Tal vez porque fue aprovechado desde las esferas de poder, a través de los medios de comunicación privados y de los partidos políticos en la campaña de reeducación en el sistema. Una vez superada la necesidad global de los gobiernos dictatoriales, tanto en América Latina como en Europa.
Es como si el existencialismo práctico llegara a este lado del mundo, con los movimientos civiles. La reacción natural de la sociedad ante la presunta ignorancia doméstica de la violencia vivida, que tuvo como consecuencia una transición democrática tránsfuga e irresponsable, ajena a la cultura de nuestros países y organizada según las leyes de un mercado “libre”, que no ha sabido en ninguna parte del mundo resolver las cuestiones vitales del individuo, mucho menos responder a su curiosidad.
No nos quedaba otra que dejarlo todo y lanzarnos nuevamente a los caminos[5] para intentar entender qué fue lo que paso. Por qué si como grupo humano llevamos sosteniendo una metáfora libertaria 200 años o más – con seguridad el contrabando de imprentas y textos es una de las primeras desobediencias civiles latinoamericanas- ocurre que libros equivalentes a aquellos que en los 70 eran subversivos, a partir de los años 90 se hayan convertido en impagables.
Hoy en día en países como Bolivia, cualquier libro puede ser más caro que el salario mínimo, por no poder, no se pueden ni robar. No hay donde elegir. Cada vez hay más lectores potenciales, pero con “el mercado” en manos de las multinacionales del rubro, prácticamente ha dejado de circular el libre albedrío. Así que nuestra izquierda o es rica o vive de Best sellers o está en el Norte y en cualquier caso tiene dialers, para la curiocidad las cosas se ponen cada vez más difíciles.
El transito, como utopía migratoria de movilidad, que prometía superar las fronteras físicas para asegurar una comunicación entre las partes, se ha convertido en el estado espiritual del sujeto. Parafraseando al poeta chileno Eduardo Fariña: en un fenómeno individual, sumergido en el colectivo real de la Diáspora[6], cada vez más criminalizado en Europa.
Hoy, quien sabe si peor que antes, la relación con los libros en nuestros países sigue siendo en muchos sentidos clandestina y esa censura mercantil del pensamiento es algo que se expande, como la marea negra, a todo occidente. Los latinos curiosos somos los huérfanos no reconocidos de una cultura que lleva décadas viéndose a sí misma como una dictadura del entretenimiento.
Dónde antes “únicamente la literatura podía poner al desnudo el mecanismo de la trasgresión de la ley (sin cuya trasgresión la ley no tendría finalidad) independientemente de un orden que hay que crear”[7], hoy la “coexistencia humana se ha instaurado sobre fundamentos nuevos. Estos son –como se puede demostrar sin dificultad- decididamente post-literarios, post-espistolográficos y en consecuencia post-humanísticos[8], a nadie puede sorprenderle que principios como: democracia, libertad, derecho, estén totalmente tergiversados en ambos hemisferios.
Así pues, allá y aquí, sin los dialers no tendríamos amigos y sin amigos sería imposible encontrar a nuestros semejantes. La gran mayoría de los libros de poesía en nuestro idioma están fuera de las redes de distribución o no pueden exportarse y para colmo, muchos de nuestros poetas se camuflan en otros sectores de servicios tratando de mantenerse a flote entre los límites de La Fortaleza. Las selecciones afectivas son, en última instancia y en nuestro idioma, las únicas puertas abiertas para el intercambio y la curiosidad.
Me gustaría agradecer a Rodrigo Galarza, Miguel Ildefonso, Rocío Cerón, Alejandra del Río, Paula Repetto, Marina Tapia, Luís Martínez de Letras.s5, Juan de Dios García del Coloquio de los Perros, a los chicos de “La Piedra en el Charco” en Zaragoza, a la Latinale en Berlín, a Europalatina en Francia, a Ecos en Bélgica y a todos los amigos que hicieron posible esta mini antología de la diáspora latina.
[1] Noches espontáneas de desmadre etílico y poesía en Berlín.
[2] http://www.lapiedraenelcharco.blogspot.com/
[3] Modismo boliviano para señalar a las personas que han o se disponen ha abandonar el país.
[4] De la entrevista Estrella Distante (última entrevista a Roberto Bolaño), por Mónica Maristain en: http://www.pagina12web.com.ar/suplementos/radar/vernota.php?id_nota=843&sec=9
[5] Primer Manifiesto Infrarealista, Roberto Bolaño, México, 1976. http://manifiestos.infrarrealismo.com/primermanifiesto.html
[6] Una visión general del impacto social de la Emigración en: Yrizar, Barbosa, Guillermo; El Estado acercándose a la diáspora: Políticas Emigratorias en el Siglo XXI http://confines.mty.itesm.mx/articulos6/YrizarG.pdf .
[7] Ver: „La Literatura, La Libertad y la Experiencia Mística” en Una Ceremonia Expiatoria. En Georges Bataille, La Literatura y el Mal, Taurus Ediciones, Madrid, 1981. Pág. 29
[8] Peter Sloderjk, Normas para el Parque Humano, Editorial Siruela, Madrid, 2000. Pág.28
Comenzamos a hablar, nos identificarnos y después de intercambiar figuritas, empezamos a discutir sobre el estar aquí y el estar allá y el estar en todos lados a un tiempo. Cosa que pasa con frecuencia, cuando una viene del otro lado del charco y que se ha agudizado en el tono, desde que la Comunidad Europea se puso intransigente con su política de migración. Por otro lado los tres tenemos un ordenador y los tres nos sentimos -al igual que todos los poetas que integran esta separata, así como todos los que la integrarían si tuviéramos más espacio o aquellos que hubiéramos podido contactar de haber sabido donde estaban o los que se encontraron en Teruel este septiembre[2]- de viaje y retransmitiendo con el Sur.
Pertenecemos a la generación de los que han preferido hacerse gamba[3] y ha optado por volverse adulta buscando en Google. Nosotros nos enchufamos a la red y nuestro mundo virtual es seguramente casi tan real o mucho más real que ese que se abre cuando salimos de nuestras casas, a la mañana.
On-line somos iguales en la medida de nuestra curiosidad. Fuera no, por lo menos no para la fracción de la diáspora que vive aquí. Aquí somos Latinos, afuera espera el Borderline o en el mejor de los casos la tienda de Bisutería, la oficina de traducción, los amigos que están igual y los otros que ni se enteran de la experiencia del Síndrome de Ulises. Casi nadie consigue el Crossover, quedarse en el oder seide, ¿you now? –cómo diría Cantínflas- a sus anchas, es tan difícil. El intento te puede causar un cáncer a lo largo de una vida de vigilante de museo, en solitario, con tus poemitas a cuestas. A quién puede sorprenderle que Arturo Belano se haya convertido en nuestro James Dean. De alguna manera, nosotros también estamos aquí porque somos detectives de homicidios. Si en algo coincidimos como generación, indistintamente de nuestro lugar de residencia, es en el anhelo individual de poder “volver solo, de noche, a la escena del crimen, y no asustarse de los fantasmas”[4], algo que no es de extrañar si tenemos en cuenta nuestra historia colectiva más reciente.
Escribe Timo Berger en su Laudatium para la entrega del Premio Anna Seghers 2007 otorgado al escritor argentino Fabián Casas “Tanto en sus textos poéticos como en los narrativos, Casas consigue construir metáforas a partir de escenas sueltas, capaces de capturar y transmitir el sentimiento de toda una generación. Esa generación a la que le toco en suerte ser hija de la dictadura militar (1976- 1983) y que después de la “guerra sucia” de la Junta contra la propia población, empezó a preguntar: ¿Que sucedió? Y: ¿que ha quedado de los grandes planes y sueños de la izquierda brutalmente masacrada?”. El poeta alemán se refiere específicamente a la Argentina, pero es evidente que esa tipificación generacional es aplicable a prácticamente todo el continente. Por eso no es raro que Fabián Casas a la fecha haya ganado casi todos los premios de poesía “alternativos”, por llamarlos de alguna manera, en América Latina.
Es innegable que ese: ¿Qué sucedió? Es un cuestionamiento decisivo y latente en los nacidos entre 1970 y 1980 –años más, años menos-, con carácter casi de inevitable o de descreimiento existencial. Tal vez porque fue aprovechado desde las esferas de poder, a través de los medios de comunicación privados y de los partidos políticos en la campaña de reeducación en el sistema. Una vez superada la necesidad global de los gobiernos dictatoriales, tanto en América Latina como en Europa.
Es como si el existencialismo práctico llegara a este lado del mundo, con los movimientos civiles. La reacción natural de la sociedad ante la presunta ignorancia doméstica de la violencia vivida, que tuvo como consecuencia una transición democrática tránsfuga e irresponsable, ajena a la cultura de nuestros países y organizada según las leyes de un mercado “libre”, que no ha sabido en ninguna parte del mundo resolver las cuestiones vitales del individuo, mucho menos responder a su curiosidad.
No nos quedaba otra que dejarlo todo y lanzarnos nuevamente a los caminos[5] para intentar entender qué fue lo que paso. Por qué si como grupo humano llevamos sosteniendo una metáfora libertaria 200 años o más – con seguridad el contrabando de imprentas y textos es una de las primeras desobediencias civiles latinoamericanas- ocurre que libros equivalentes a aquellos que en los 70 eran subversivos, a partir de los años 90 se hayan convertido en impagables.
Hoy en día en países como Bolivia, cualquier libro puede ser más caro que el salario mínimo, por no poder, no se pueden ni robar. No hay donde elegir. Cada vez hay más lectores potenciales, pero con “el mercado” en manos de las multinacionales del rubro, prácticamente ha dejado de circular el libre albedrío. Así que nuestra izquierda o es rica o vive de Best sellers o está en el Norte y en cualquier caso tiene dialers, para la curiocidad las cosas se ponen cada vez más difíciles.
El transito, como utopía migratoria de movilidad, que prometía superar las fronteras físicas para asegurar una comunicación entre las partes, se ha convertido en el estado espiritual del sujeto. Parafraseando al poeta chileno Eduardo Fariña: en un fenómeno individual, sumergido en el colectivo real de la Diáspora[6], cada vez más criminalizado en Europa.
Hoy, quien sabe si peor que antes, la relación con los libros en nuestros países sigue siendo en muchos sentidos clandestina y esa censura mercantil del pensamiento es algo que se expande, como la marea negra, a todo occidente. Los latinos curiosos somos los huérfanos no reconocidos de una cultura que lleva décadas viéndose a sí misma como una dictadura del entretenimiento.
Dónde antes “únicamente la literatura podía poner al desnudo el mecanismo de la trasgresión de la ley (sin cuya trasgresión la ley no tendría finalidad) independientemente de un orden que hay que crear”[7], hoy la “coexistencia humana se ha instaurado sobre fundamentos nuevos. Estos son –como se puede demostrar sin dificultad- decididamente post-literarios, post-espistolográficos y en consecuencia post-humanísticos[8], a nadie puede sorprenderle que principios como: democracia, libertad, derecho, estén totalmente tergiversados en ambos hemisferios.
Así pues, allá y aquí, sin los dialers no tendríamos amigos y sin amigos sería imposible encontrar a nuestros semejantes. La gran mayoría de los libros de poesía en nuestro idioma están fuera de las redes de distribución o no pueden exportarse y para colmo, muchos de nuestros poetas se camuflan en otros sectores de servicios tratando de mantenerse a flote entre los límites de La Fortaleza. Las selecciones afectivas son, en última instancia y en nuestro idioma, las únicas puertas abiertas para el intercambio y la curiosidad.
Me gustaría agradecer a Rodrigo Galarza, Miguel Ildefonso, Rocío Cerón, Alejandra del Río, Paula Repetto, Marina Tapia, Luís Martínez de Letras.s5, Juan de Dios García del Coloquio de los Perros, a los chicos de “La Piedra en el Charco” en Zaragoza, a la Latinale en Berlín, a Europalatina en Francia, a Ecos en Bélgica y a todos los amigos que hicieron posible esta mini antología de la diáspora latina.
[1] Noches espontáneas de desmadre etílico y poesía en Berlín.
[2] http://www.lapiedraenelcharco.blogspot.com/
[3] Modismo boliviano para señalar a las personas que han o se disponen ha abandonar el país.
[4] De la entrevista Estrella Distante (última entrevista a Roberto Bolaño), por Mónica Maristain en: http://www.pagina12web.com.ar/suplementos/radar/vernota.php?id_nota=843&sec=9
[5] Primer Manifiesto Infrarealista, Roberto Bolaño, México, 1976. http://manifiestos.infrarrealismo.com/primermanifiesto.html
[6] Una visión general del impacto social de la Emigración en: Yrizar, Barbosa, Guillermo; El Estado acercándose a la diáspora: Políticas Emigratorias en el Siglo XXI http://confines.mty.itesm.mx/articulos6/YrizarG.pdf .
[7] Ver: „La Literatura, La Libertad y la Experiencia Mística” en Una Ceremonia Expiatoria. En Georges Bataille, La Literatura y el Mal, Taurus Ediciones, Madrid, 1981. Pág. 29
[8] Peter Sloderjk, Normas para el Parque Humano, Editorial Siruela, Madrid, 2000. Pág.28
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Ensayos
Peras al olmo
abril 30, 2008
Acabo de terminar de leer Presidencia sitiada del ex presidente Carlos Mesa. Supongo que estoy un poco out en la discusión actual, con el referéndum de Santa Cruz en medio de todos los debates. En realidad empecé a escribir este artículo hace un par de semanas. Cuando me llegó el libro e inmediatamente después de leer el tríptico que circula en Internet escrito por Dante Pino Archondo. Enfrentarse con tanta boludez indigna, francamente. Cuántos estarán como yo, pensando en lo mismo. Así que en ese punto tuve que dejar de escribir, respirar hondo y relajarme una semana para poder volver a esta nota. Era importante, no quería permitirme tener a un Dante en la oreja.
Para empezar tendría que decir que Presidencia sitiada me parece bien escrito. Es claro, da muchos ejemplos y aparenta ser lo suficientemente honesto como para que sea difícil imaginarse que Mesa vuelva a tener la oportunidad de presentarse en una contienda electoral así por las buenas, con invitación. “Se crea demasiados enemigos”, en opinión de otras personas que lo han leído, según lo que he visto en distintos chats. Como ya se sabe, las elites políticas y económicas más tradicionales del país, sin importar el color de piel que tengan ni sus tradiciones, no están acostumbradas a tratar con personas que privilegien el cumplimiento de las leyes del Estado a los intereses personales, partidarios, sectoriales o regionales.
Errores más, errores menos, tengo que reconocer que como boliviana occidental, no sé que dirá el resto, me siento orgullosa por la manera en la que Mesa reaccionó primero a la brutalidad terca con la que el presidente Sánchez de Lozada pretendió mantener el control del país; distanciándose del Gobierno, pero asumiendo la responsabilidad conferida por el pueblo, permaneciendo en su cargo como Vicepresidente. También por las personas que eligió para hacerse cargo de los distintos ministerios. Que demostraron, y puede verse en los números, así como en el respeto a los derechos humanos, no sólo que eran eficientes, sino también que estaban humanamente a la altura de las circunstancias, más que complicadas, por las que atravesaba el país. Es probable que sin el trabajo de esos hombres y mujeres las consecuencias del vacío de poder hubieran sido funestas para el sistema democrático. En honor a la justicia, que es algo que la opinión pública boliviana apenas conoce porque los Dantes abundan, seguramente hablamos de uno de los mejores gobiernos que hayamos tenido, a pesar de su corta duración. Me representa.
A destacar del libro también es la abierta cercanía política y emocional del presidente Mesa con los valores de la revolución de 1952. Más allá de que sus declaraciones al respecto sean una manera de justificar el haber acompañado la candidatura de Gonzalo Sánchez de Lozada en 2002, ahora que el bad boy es el enemigo público number one, lo cierto es que en eso también me representa. Ya es hora de que uno de los acontecimientos más importantes de nuestra historia públicamente deje de pertenecerle exclusivamente al MNR. El 9 de abril no puede seguir siendo la efeméride de un partido, y los valores intangibles que son el resultado de ese enfrentamiento no pueden seguir siendo tergiversados. ¿Que la revolución no funcionó como debería? Sin duda, pero dígame si conoce alguna que haya funcionado bien. Además ¿qué es bien? Estamos haciendo nuestro camino hace más de 180 años, en circunstancias y con un marco social tan complejo, que mal podemos compararnos con otros. Los bolis tampoco inventamos la pólvora a cada rato. Ya sé que eso es algo que piensan algunos de los tipos que nos dirigen, o lo que fingen para que no se note tanto su incongruencia, ¿no, Dante? Pero lo cierto es que, como todos los otros pueblos, los bolis tenemos nomás un desarrollo histórico y la mayoría de los países del mundo no han vivido una revolución. Vean a los vecinos. Nuestros actos políticos permanecen en el tiempo, crean ideologías, forman líneas directrices y en el caso de los bolis nunca mejor usado el plural. ¿Cuántas culturas somos nosotros en paralelo decidiendo cosas en el país hace cuántas décadas? Nos respetaremos pues. Asumamos definitivamente que todos somos sujetos y cual es la participación de cada uno en los hechos del pasado. Tengamos los huevos de reinventar el idioma que usamos para comunicarnos y volvamos a hablarnos en boliviano, sólo que esta vez sin víctimas y sin verdugos. ¡Pease and love!
Presidencia sitiada no va tan lejos en su reivindicación de 1952, pero se adscribe a las ideas originales del Movimiento públicamente, enajenándolas del partido, y complementándolas con una gestión de gobierno transparente y eficaz. Por eso Carlos Mesa se empeña en afirmar, una y otra vez, que el suyo no fue un gobierno bisagra, sino el principio del cambio. Yo le creo. Mientras leía el libro, llegué incluso a sentirme orgullosa de las fuerzas del orden, de mi país --y aquí, en el exilio--. Sólo que es una lástima que esa tensión se vea anulada por el estilo literario, que a ratos no puede evitar sonar cursi, incluso llegar a parecer pedante. Rompiendo así el vínculo emocional con el lector y por ende toda posibilidad de identificación a posteriori.
Yo al menos descubro en afirmaciones del tipo “los bolivianos hemos sido especialistas en mentirnos, en flagelarnos, en contarnos cuentos, pero sobre todo en devaluar lo que hicimos. Cuando digo bolivianos creo que digo mal, debo decir aquellos que nos apropiamos de la historia desde hace siglos…” un parentesco retórico entre Mesa y Octavio Paz. En mi opinión, hay una parte central en el discurso de ambos intelectuales que es similar, a pesar de pertenecer a generaciones completamente distintas. Ambos utilizan el plural –los bolivianos, los mexicanos– pero ninguno se hace cargo. Tanto el ex presidente como el escritor tienen problemas en asumir lo que realmente son. Es decir que pertenecen directamente al grupo de “aquellos que han escrito” la historia de sus países, o sea que son miembros privilegiados y coresponsables de la parte comandante del caos. Si no son ellos, precisamente, los que construyen la metáfora de la patria, ¿quién lo hace? Pero ambos se niegan a asumir discursivamente cualquier responsabilidad al respecto y así, errado el punto de partida, es difícil que podamos los simples mortales acercarnos a sus buenas intenciones.
Con el libro viene también un DVD y qué puedo decir. Me causó ternura, hizo que me acordara de las noticias y los De cerca. Hace más de cinco años que no vuelvo a Bolivia y Mesa vos sigues igualito. 90 por ciento de los almuerzos de mi adolescencia han sido con vos. Puta, me has hecho recordar y bien estaba, hasta el momento en el que se te ocurre ir a una manifestación organizada por Felipe Quispe a las puertas de la iglesia San Francisco. Que caché, me sorprendiste. Bien capo siempre eres. Ir vos nomás casi solito, a ponerte al lado del Mallku y dejar que el Felipe te compare con Pizarro frente a un auditorio aymara. Uau.
Después comenzó a hablar de nuevo el presidente Mesa y bien, claro, estamos hablando de uno de los intelectuales más respetables del país, insisto. Como era de suponer se alineó con la herencia del Mariscal Andrés de Santa Cruz, destacando lo que destacan tradicionalmente los que construyen la metáfora de la patria. O sea que Andresito era hijo de un español y una noble aymara, como si no fuera suficiente con que la buena mujer fuera aymara. Más teniendo en cuenta que hace prácticamente un siglo que en nuestro país los títulos nobiliarios ya no se usan y como si Andresito no hubiera hecho ninguna otra cosa en la vida. Otra vez la cercanía espiritual con Paz, que es otro al que le encantan los cholos en general, pero puntualmente sólo los cholos finos. Difícil. También difícil la frase del presidente Mesa: “Porque si hubieran leído la historia…”, frente a un auditorio al que a lo mejor sí le hubiera gustado leer, sólo que nunca pudo aprender y en cualquier caso no tiene acceso a los libros. Los libros son carísimos. Cuando la escuché pensé: ya la cagaste, sigues acostumbrado a la homilía de la segunda edición del noticiero de PAT. ¿Hasta cuándo, pues, me querías representar? Más bien que te salvaste por penal diciendo: “al pueblo aymara nunca le ha ganado nadie”. Puta, qué sufrimiento y qué lástima que no te hubieras atrevido a ganarle vos, venciéndote a ti mismo en nuestro nombre. Dando en ese momento un paso más y mostrándole al país que esa Bolivia “en sí”, simbólicamente unida en su diversidad, también puede aspirar a tener un político de la talla de Willy Brandt. Es decir, a un humanista occidental, un White Man, dispuesto a superar los malos entendidos. Alguien capaz de caer de rodillas si es necesario, para disculparse públicamente frente a sus interlocutores, con sobrecogimiento y humildad, por las partes más estúpidas y bárbaras de mi propia cultura. Una sola vez. ¿No es eso hacer historia?En nuestro país se ha roto el sistema cartesiano. No hay más las dos Bolivias de 1952, ésa es la esperanza queridos cambas. En 2008 somos por lo menos cuatro Bolivias, si no somos 36, como los idiomas que tenemos reconocidos; más nueve, si respetamos las características culturales de los distintos departamentos, y así al infinito. A estas alturas es evidente que a la metáfora del mestizaje, ésa que asocia directamente lo “español” y lo “indígena”, se interpusieron los milicos, las leyes de libre mercado, distintos movimientos migratorios, un montón de ONG, la caída del muro de Berlín y por suerte también 1968, además de Internet. Dando como resultado a principios del siglo XXI una generación como la mía, bien representada numéricamente en el país, fragmentada culturalmente y for export, si la dejan entrar en algún lado. Nosotros somos, y los que nos siguen son, híbridos. ¿Es tan malo eso? ¿Acaso no nos da la oportunidad como individuos de escoger en el supermercado cultural lo más bonito? ¿No podría ser éste el modelo para una globalización progresista? ¿De Bolivia para el mundo? Los híbridos somos “en sí” y queremos tener la libertad de ser lo que queramos: cholos, punks, occidentales, queer, budistas, aymaras, lesbianas, anarquistas, chapacos, bi…, de preferencia todo junto. Y en mi opinión, si alguien se siente llamado a actuar en la reinvención de las metáforas nacionales desde occidente, ese/a/os en este momento deberían dejar de leer a Octavio Paz y empezar a leer a Fabián Casas. Así nos salvan de la humillación cultural colectiva de seguir pidiéndole peras al olmo.
Para empezar tendría que decir que Presidencia sitiada me parece bien escrito. Es claro, da muchos ejemplos y aparenta ser lo suficientemente honesto como para que sea difícil imaginarse que Mesa vuelva a tener la oportunidad de presentarse en una contienda electoral así por las buenas, con invitación. “Se crea demasiados enemigos”, en opinión de otras personas que lo han leído, según lo que he visto en distintos chats. Como ya se sabe, las elites políticas y económicas más tradicionales del país, sin importar el color de piel que tengan ni sus tradiciones, no están acostumbradas a tratar con personas que privilegien el cumplimiento de las leyes del Estado a los intereses personales, partidarios, sectoriales o regionales.
Errores más, errores menos, tengo que reconocer que como boliviana occidental, no sé que dirá el resto, me siento orgullosa por la manera en la que Mesa reaccionó primero a la brutalidad terca con la que el presidente Sánchez de Lozada pretendió mantener el control del país; distanciándose del Gobierno, pero asumiendo la responsabilidad conferida por el pueblo, permaneciendo en su cargo como Vicepresidente. También por las personas que eligió para hacerse cargo de los distintos ministerios. Que demostraron, y puede verse en los números, así como en el respeto a los derechos humanos, no sólo que eran eficientes, sino también que estaban humanamente a la altura de las circunstancias, más que complicadas, por las que atravesaba el país. Es probable que sin el trabajo de esos hombres y mujeres las consecuencias del vacío de poder hubieran sido funestas para el sistema democrático. En honor a la justicia, que es algo que la opinión pública boliviana apenas conoce porque los Dantes abundan, seguramente hablamos de uno de los mejores gobiernos que hayamos tenido, a pesar de su corta duración. Me representa.
A destacar del libro también es la abierta cercanía política y emocional del presidente Mesa con los valores de la revolución de 1952. Más allá de que sus declaraciones al respecto sean una manera de justificar el haber acompañado la candidatura de Gonzalo Sánchez de Lozada en 2002, ahora que el bad boy es el enemigo público number one, lo cierto es que en eso también me representa. Ya es hora de que uno de los acontecimientos más importantes de nuestra historia públicamente deje de pertenecerle exclusivamente al MNR. El 9 de abril no puede seguir siendo la efeméride de un partido, y los valores intangibles que son el resultado de ese enfrentamiento no pueden seguir siendo tergiversados. ¿Que la revolución no funcionó como debería? Sin duda, pero dígame si conoce alguna que haya funcionado bien. Además ¿qué es bien? Estamos haciendo nuestro camino hace más de 180 años, en circunstancias y con un marco social tan complejo, que mal podemos compararnos con otros. Los bolis tampoco inventamos la pólvora a cada rato. Ya sé que eso es algo que piensan algunos de los tipos que nos dirigen, o lo que fingen para que no se note tanto su incongruencia, ¿no, Dante? Pero lo cierto es que, como todos los otros pueblos, los bolis tenemos nomás un desarrollo histórico y la mayoría de los países del mundo no han vivido una revolución. Vean a los vecinos. Nuestros actos políticos permanecen en el tiempo, crean ideologías, forman líneas directrices y en el caso de los bolis nunca mejor usado el plural. ¿Cuántas culturas somos nosotros en paralelo decidiendo cosas en el país hace cuántas décadas? Nos respetaremos pues. Asumamos definitivamente que todos somos sujetos y cual es la participación de cada uno en los hechos del pasado. Tengamos los huevos de reinventar el idioma que usamos para comunicarnos y volvamos a hablarnos en boliviano, sólo que esta vez sin víctimas y sin verdugos. ¡Pease and love!
Presidencia sitiada no va tan lejos en su reivindicación de 1952, pero se adscribe a las ideas originales del Movimiento públicamente, enajenándolas del partido, y complementándolas con una gestión de gobierno transparente y eficaz. Por eso Carlos Mesa se empeña en afirmar, una y otra vez, que el suyo no fue un gobierno bisagra, sino el principio del cambio. Yo le creo. Mientras leía el libro, llegué incluso a sentirme orgullosa de las fuerzas del orden, de mi país --y aquí, en el exilio--. Sólo que es una lástima que esa tensión se vea anulada por el estilo literario, que a ratos no puede evitar sonar cursi, incluso llegar a parecer pedante. Rompiendo así el vínculo emocional con el lector y por ende toda posibilidad de identificación a posteriori.
Yo al menos descubro en afirmaciones del tipo “los bolivianos hemos sido especialistas en mentirnos, en flagelarnos, en contarnos cuentos, pero sobre todo en devaluar lo que hicimos. Cuando digo bolivianos creo que digo mal, debo decir aquellos que nos apropiamos de la historia desde hace siglos…” un parentesco retórico entre Mesa y Octavio Paz. En mi opinión, hay una parte central en el discurso de ambos intelectuales que es similar, a pesar de pertenecer a generaciones completamente distintas. Ambos utilizan el plural –los bolivianos, los mexicanos– pero ninguno se hace cargo. Tanto el ex presidente como el escritor tienen problemas en asumir lo que realmente son. Es decir que pertenecen directamente al grupo de “aquellos que han escrito” la historia de sus países, o sea que son miembros privilegiados y coresponsables de la parte comandante del caos. Si no son ellos, precisamente, los que construyen la metáfora de la patria, ¿quién lo hace? Pero ambos se niegan a asumir discursivamente cualquier responsabilidad al respecto y así, errado el punto de partida, es difícil que podamos los simples mortales acercarnos a sus buenas intenciones.
Con el libro viene también un DVD y qué puedo decir. Me causó ternura, hizo que me acordara de las noticias y los De cerca. Hace más de cinco años que no vuelvo a Bolivia y Mesa vos sigues igualito. 90 por ciento de los almuerzos de mi adolescencia han sido con vos. Puta, me has hecho recordar y bien estaba, hasta el momento en el que se te ocurre ir a una manifestación organizada por Felipe Quispe a las puertas de la iglesia San Francisco. Que caché, me sorprendiste. Bien capo siempre eres. Ir vos nomás casi solito, a ponerte al lado del Mallku y dejar que el Felipe te compare con Pizarro frente a un auditorio aymara. Uau.
Después comenzó a hablar de nuevo el presidente Mesa y bien, claro, estamos hablando de uno de los intelectuales más respetables del país, insisto. Como era de suponer se alineó con la herencia del Mariscal Andrés de Santa Cruz, destacando lo que destacan tradicionalmente los que construyen la metáfora de la patria. O sea que Andresito era hijo de un español y una noble aymara, como si no fuera suficiente con que la buena mujer fuera aymara. Más teniendo en cuenta que hace prácticamente un siglo que en nuestro país los títulos nobiliarios ya no se usan y como si Andresito no hubiera hecho ninguna otra cosa en la vida. Otra vez la cercanía espiritual con Paz, que es otro al que le encantan los cholos en general, pero puntualmente sólo los cholos finos. Difícil. También difícil la frase del presidente Mesa: “Porque si hubieran leído la historia…”, frente a un auditorio al que a lo mejor sí le hubiera gustado leer, sólo que nunca pudo aprender y en cualquier caso no tiene acceso a los libros. Los libros son carísimos. Cuando la escuché pensé: ya la cagaste, sigues acostumbrado a la homilía de la segunda edición del noticiero de PAT. ¿Hasta cuándo, pues, me querías representar? Más bien que te salvaste por penal diciendo: “al pueblo aymara nunca le ha ganado nadie”. Puta, qué sufrimiento y qué lástima que no te hubieras atrevido a ganarle vos, venciéndote a ti mismo en nuestro nombre. Dando en ese momento un paso más y mostrándole al país que esa Bolivia “en sí”, simbólicamente unida en su diversidad, también puede aspirar a tener un político de la talla de Willy Brandt. Es decir, a un humanista occidental, un White Man, dispuesto a superar los malos entendidos. Alguien capaz de caer de rodillas si es necesario, para disculparse públicamente frente a sus interlocutores, con sobrecogimiento y humildad, por las partes más estúpidas y bárbaras de mi propia cultura. Una sola vez. ¿No es eso hacer historia?En nuestro país se ha roto el sistema cartesiano. No hay más las dos Bolivias de 1952, ésa es la esperanza queridos cambas. En 2008 somos por lo menos cuatro Bolivias, si no somos 36, como los idiomas que tenemos reconocidos; más nueve, si respetamos las características culturales de los distintos departamentos, y así al infinito. A estas alturas es evidente que a la metáfora del mestizaje, ésa que asocia directamente lo “español” y lo “indígena”, se interpusieron los milicos, las leyes de libre mercado, distintos movimientos migratorios, un montón de ONG, la caída del muro de Berlín y por suerte también 1968, además de Internet. Dando como resultado a principios del siglo XXI una generación como la mía, bien representada numéricamente en el país, fragmentada culturalmente y for export, si la dejan entrar en algún lado. Nosotros somos, y los que nos siguen son, híbridos. ¿Es tan malo eso? ¿Acaso no nos da la oportunidad como individuos de escoger en el supermercado cultural lo más bonito? ¿No podría ser éste el modelo para una globalización progresista? ¿De Bolivia para el mundo? Los híbridos somos “en sí” y queremos tener la libertad de ser lo que queramos: cholos, punks, occidentales, queer, budistas, aymaras, lesbianas, anarquistas, chapacos, bi…, de preferencia todo junto. Y en mi opinión, si alguien se siente llamado a actuar en la reinvención de las metáforas nacionales desde occidente, ese/a/os en este momento deberían dejar de leer a Octavio Paz y empezar a leer a Fabián Casas. Así nos salvan de la humillación cultural colectiva de seguir pidiéndole peras al olmo.
Bolis Nomás
febrero 12, 2008

Me levanté pensando que hace dos días contesté al artículo de Carmen Abaroa, una poeta aymara de mi país, “Domesticando a Latinoamérica” en un foro de Internet. La verdad es que casi nunca hago este tipo de cosas, veo los foros y las revistas, leo los blogs, pero hay algo en mí, que me hace ser poco participativa. Creo que el Internet hasta el momento me ha servido más para aprender que para comunicar y francamente en todos estos años en línea, he desarrollado totalmente mi lado voyeur, pero no he aprendido a chatear ni a mandar mails.
Soy disléxica, cortante en el intercambio y además me despisto. Mis maneras on line dejan mucho que desear, tengo testigos, y por otro lado cuando leo un nombre que me interesa, abro una ventanita paralela, busco en google y después otra ventanita y así, sigo, hasta que tres semanas después me doy cuenta que llevo dos días pensando en la guerra del chaco o en sadomasoquismo y que me he salido por completo del tema. Es más, que ya ni sé cual era el tema. En Internet yo voy de despiste total en despiste total como una cría y solo rebuscando entre mis favoritos vuelvo al carril.
Así pues, prefiero no meterme y me imagino que lo que me movió a interpelar a Carmen, más que su artículo, fue el hecho de sentirme personalmente agredida. No por algo que ella hubiera dicho hacia mí o hacia alguien en particular, sino por las ideas que están detrás o que yo creo reconocer detrás de las palabras que usa. Nunca se sabe, no la conozco, no quiero afirmar nada.
Es sólo que en mi país se ha hecho patente un discurso racial que pone en tela de juicio su propia existencia y esto, sumado a que Evo Morales se ha hecho mundialmente famoso, me obliga una ves si y otra también a definirme culturalmente, racialmente, personalmente en casi cualquier fiesta, ante cualquier recién conocido y varias veces al día, cuando leo las noticias.
Es un momento en el que cualquiera se siente en el derecho y más aún en la obligación de dar su opinión al respecto y afectivamente la cosa se complica para mí, me pongo susceptible.
Yo sólo sé que estoy lejos, que extraño y que cada vez vuelvo a mi depto pensando en quién soy, de donde vengo, a donde voy, si soy de izquierda o de derecha, si soy racista, etc., etc. Me conflictuo, al extremo de ni si quiera ser capaz de poderme alegrar por el giro socialista que ha dado el país y de llegar a pensar, en los momentos de máxima desesperación, si en un acto de limpieza mental no debería intentar nacionalizarme suiza, para evitar este small tallk hamletiano y para dejar a los verdaderos indios, por un lado, y a los verdaderos N. N. de la media luna, por el otro, que desarmen el país y que se jodan.
Total yo además de ser un caos estoy lejos, pero la cosa es que pertenezco a la especie de los Karaschapacos, como hay otros que son Cholos, Cambakaras, Cambacollas y seguramente habrá los que son Cambachapacos. En suma, a una etnia más de la raza de los llámeme como a usted mejor le parezca que no está reconocida en ningún catálogo boliviano de colores actual, pero que tiene pasaporte o sea que comparte el karma y lentamente se está quedando sin gentilicio.
Mi cultura es mutante, bastarda, entre occidental, asiática e indo americana, es decir un menjunje y allá los puristas, de uno y otro bando, si no quieren enterarse ni reconocer el pasado común de los pueblos dentro del territorio boliviano. Ese que ha hecho posible que mi cultura exista y que queriendo o no, hay que reconocer que no siempre ha jugado un papel la intención, ha hecho posible que subsistan otras culturas.
La historia de los de mi pueblo empieza alrededor de 1800 con los movimientos republicanos. En el territorio que por entonces ocupaba la Audiencia de Charcas. Un lugar inmenso, más de dos millones de kilómetros cuadrados, para una población de medio millón de personas. Los de nuestra especie fueron procreándose sin llamar demasiado la atención y habitaron sobre todo los arrabales de las pequeñas ciudades de paso, que hacían posible el viaje entre Lima y el río de la plata, entre Holanda y Potosí.
En 1825 los primeros mutantes lograron organizarse, se camuflaron y fundaron con los N.N. un parlamento. Todos juntos le dieron al experimento el nombre de República de Bolívar y en grupo intentaron dar un paso hacia la modernidad. Si les fue o no posible conseguirlo, es algo sobre lo que discuten aún hoy los expertos. Solo queda insistir en que no hay constancia de leyes darvinianas que promuevan exterminios étnicos, lo que para la época y con el ejemplo de otras repúblicas vecinas, es raro y digno de alabar.
Quizá se deba a que los llámeme como a usted mejor le parezca somos urbanos sobre todas las cosas y siempre fuimos pocos. Eso es perfectamente posible, pero lo cierto es que nuestro primer presidente fue un cholo, el Mariscal Andrés de Santa Cruz y como él, creo yo, todos sabemos que somos hijos de la casualidad y del instinto, productos de la ansiedad y el desvarío, por eso nuestra fiesta nacional es el carnaval. A estas alturas y al respecto nadie tiene ninguna duda, no se pueden negar nuestros orígenes violentos. Es algo que se nota en el caos de nuestra arquitectura y en la sangre que derraman nuestras iglesias, también en películas recientes como “quien mató a la llamita blanca” o en novelas como “Estaba borracho, pero me acuerdo”.
Por nuestras tierras han pasado alemanes, libaneses, judíos, japoneses, algún que otro croata y recientemente chinos y coreanos en transito. Gente de todo el mundo, un sin f in de almas descarriadas y seríamos completamente brutos si nuestra sensibilidad no estuviera marcada por la naturaleza e influida por el contacto directo con las otras culturas que ya entonces, y desde mucho antes de que mi pueblo se constituyera en un pueblo, habitan el territorio.
La convivencia con ellas es lo que nos ha proporcionado raíces y ese intercambio fue y es, aún a pesar de estar marcado por el miedo y la ignorancia, una razón de peso para que los llámeme como a usted mejor le parezca en determinados momentos se masacren sin miramientos, con tal de dar algunos pasitos de ciego en lo que los más progresistas consideraban y consideran la evolución.
Tanto es así que hemos tenido una guerra civil y una revolución nacional sin perder ni una sola de las ciudades que fueron desde el principio importantes para nuestra historia y eso a pesar de habernos convertido en nación en 1952, siguiendo el consejo de un pensador cholo como Tamayo e incluyendo definitivamente a las otras culturas que ocupaban el territorio en la vida política del país, imponiendo el servicio militar, nacionalizando empresas, rompiendo con el latifundio y fundando escuelas, aunque todo esto en la medida de nuestras posibilidades, humanas y materiales.
En honor a la verdad hay que decir que los mutantes no somos un pueblo que brille por sus luces y peor aún, la historia más reciente nos dice que muchos de nosotros son además de estúpidos, piratas. En resumidas cuentas, muñecos de la peor calaña, sin duda y sin embargo, me cuesta creer que tanto muerto y tanto libro hayan tenido como único fin gravar en la cabeza de hasta el último boli el lema de “el mar es un derecho, recuperarlo es un deber”, porque sí. Sin ningún fin y sin ninguna otra consecuencia.
En su defensa habría que decir que Bolivia es rara. Sobra con echar una mirada para darse cuenta de que en La Paz, a diferencia de lo que ocurre en todas las otras capitales andinas, la gente camina por la calle vestida como quiere y habla el idioma que mejor le parezca, esto desde siempre y sin que nadie pueda oponerse. Esta peculiaridad que hace de Bolivia algo tan autentico, según los turistas de todos los tiempos, se ha extendió a prácticamente todos los centros urbanos existentes en los últimos 50 años. En la actualidad y desde que se fundara el Estado Boliviano, allá por 1986, la mayoría de los llámeme como a usted mejor le parezca en todas sus variantes, aymaras, quechuas, guaraníes y todos los otros pueblos incluidos en la jurisprudencia del Estado boliviano son urbanos, la mayor parte es menor de 40 años, toma coca cola y tiene un porcentaje mayor o menor de sangre mutante. Me atrevería decir, mucho me temo, que 7 de los 9 millones de almas en el lugar está contaminado, si no 8. Así pues el Duo Dinámico Morales – García Linera no es un accidente.
Visto esto, considerándolo y teniendo en cuenta que más allá de las apariencias la mayoría de los llámeme como a usted mejor le parezca en todas sus variantes, aymaras, quechuas, guaraníes y todos los otros pueblos incluidos en la jurisprudencia del Estado boliviano son pacíficos, lo mejor sería que nuestro siguiente paso en la evolución fuera montar una confederación al mejor estilo de Star Wars, todos podemos ver las películas y hacerlo retomando el contacto con los dos millones de llámeme como a usted mejor le parezca, aymaras, quechuas, guaraníes y todos los otros pueblos incluidos, etc., etc., que están dando vueltas por el mundo, mandan plata, se preocupan y están a un tris de quedarse sin gentilicio.
Puestos a revolucionar, deberíamos intentar fundar todos juntos y en directo, por conexión satelital, algo así como el imperio humanista de los bolis, total por delirar y deberíamos cambiarnos el nombre de llámeme como a usted mejor le parezca en todas sus variantes, aymaras, quechuas, guaraníes y todos los otros pueblos incluidos en la jurisprudencia del Estado boliviano a algo así como Confederación Mutante de los Pueblos Libres de Bolivia y convertirnos en Bolis nomás.
Soy disléxica, cortante en el intercambio y además me despisto. Mis maneras on line dejan mucho que desear, tengo testigos, y por otro lado cuando leo un nombre que me interesa, abro una ventanita paralela, busco en google y después otra ventanita y así, sigo, hasta que tres semanas después me doy cuenta que llevo dos días pensando en la guerra del chaco o en sadomasoquismo y que me he salido por completo del tema. Es más, que ya ni sé cual era el tema. En Internet yo voy de despiste total en despiste total como una cría y solo rebuscando entre mis favoritos vuelvo al carril.
Así pues, prefiero no meterme y me imagino que lo que me movió a interpelar a Carmen, más que su artículo, fue el hecho de sentirme personalmente agredida. No por algo que ella hubiera dicho hacia mí o hacia alguien en particular, sino por las ideas que están detrás o que yo creo reconocer detrás de las palabras que usa. Nunca se sabe, no la conozco, no quiero afirmar nada.
Es sólo que en mi país se ha hecho patente un discurso racial que pone en tela de juicio su propia existencia y esto, sumado a que Evo Morales se ha hecho mundialmente famoso, me obliga una ves si y otra también a definirme culturalmente, racialmente, personalmente en casi cualquier fiesta, ante cualquier recién conocido y varias veces al día, cuando leo las noticias.
Es un momento en el que cualquiera se siente en el derecho y más aún en la obligación de dar su opinión al respecto y afectivamente la cosa se complica para mí, me pongo susceptible.
Yo sólo sé que estoy lejos, que extraño y que cada vez vuelvo a mi depto pensando en quién soy, de donde vengo, a donde voy, si soy de izquierda o de derecha, si soy racista, etc., etc. Me conflictuo, al extremo de ni si quiera ser capaz de poderme alegrar por el giro socialista que ha dado el país y de llegar a pensar, en los momentos de máxima desesperación, si en un acto de limpieza mental no debería intentar nacionalizarme suiza, para evitar este small tallk hamletiano y para dejar a los verdaderos indios, por un lado, y a los verdaderos N. N. de la media luna, por el otro, que desarmen el país y que se jodan.
Total yo además de ser un caos estoy lejos, pero la cosa es que pertenezco a la especie de los Karaschapacos, como hay otros que son Cholos, Cambakaras, Cambacollas y seguramente habrá los que son Cambachapacos. En suma, a una etnia más de la raza de los llámeme como a usted mejor le parezca que no está reconocida en ningún catálogo boliviano de colores actual, pero que tiene pasaporte o sea que comparte el karma y lentamente se está quedando sin gentilicio.
Mi cultura es mutante, bastarda, entre occidental, asiática e indo americana, es decir un menjunje y allá los puristas, de uno y otro bando, si no quieren enterarse ni reconocer el pasado común de los pueblos dentro del territorio boliviano. Ese que ha hecho posible que mi cultura exista y que queriendo o no, hay que reconocer que no siempre ha jugado un papel la intención, ha hecho posible que subsistan otras culturas.
La historia de los de mi pueblo empieza alrededor de 1800 con los movimientos republicanos. En el territorio que por entonces ocupaba la Audiencia de Charcas. Un lugar inmenso, más de dos millones de kilómetros cuadrados, para una población de medio millón de personas. Los de nuestra especie fueron procreándose sin llamar demasiado la atención y habitaron sobre todo los arrabales de las pequeñas ciudades de paso, que hacían posible el viaje entre Lima y el río de la plata, entre Holanda y Potosí.
En 1825 los primeros mutantes lograron organizarse, se camuflaron y fundaron con los N.N. un parlamento. Todos juntos le dieron al experimento el nombre de República de Bolívar y en grupo intentaron dar un paso hacia la modernidad. Si les fue o no posible conseguirlo, es algo sobre lo que discuten aún hoy los expertos. Solo queda insistir en que no hay constancia de leyes darvinianas que promuevan exterminios étnicos, lo que para la época y con el ejemplo de otras repúblicas vecinas, es raro y digno de alabar.
Quizá se deba a que los llámeme como a usted mejor le parezca somos urbanos sobre todas las cosas y siempre fuimos pocos. Eso es perfectamente posible, pero lo cierto es que nuestro primer presidente fue un cholo, el Mariscal Andrés de Santa Cruz y como él, creo yo, todos sabemos que somos hijos de la casualidad y del instinto, productos de la ansiedad y el desvarío, por eso nuestra fiesta nacional es el carnaval. A estas alturas y al respecto nadie tiene ninguna duda, no se pueden negar nuestros orígenes violentos. Es algo que se nota en el caos de nuestra arquitectura y en la sangre que derraman nuestras iglesias, también en películas recientes como “quien mató a la llamita blanca” o en novelas como “Estaba borracho, pero me acuerdo”.
Por nuestras tierras han pasado alemanes, libaneses, judíos, japoneses, algún que otro croata y recientemente chinos y coreanos en transito. Gente de todo el mundo, un sin f in de almas descarriadas y seríamos completamente brutos si nuestra sensibilidad no estuviera marcada por la naturaleza e influida por el contacto directo con las otras culturas que ya entonces, y desde mucho antes de que mi pueblo se constituyera en un pueblo, habitan el territorio.
La convivencia con ellas es lo que nos ha proporcionado raíces y ese intercambio fue y es, aún a pesar de estar marcado por el miedo y la ignorancia, una razón de peso para que los llámeme como a usted mejor le parezca en determinados momentos se masacren sin miramientos, con tal de dar algunos pasitos de ciego en lo que los más progresistas consideraban y consideran la evolución.
Tanto es así que hemos tenido una guerra civil y una revolución nacional sin perder ni una sola de las ciudades que fueron desde el principio importantes para nuestra historia y eso a pesar de habernos convertido en nación en 1952, siguiendo el consejo de un pensador cholo como Tamayo e incluyendo definitivamente a las otras culturas que ocupaban el territorio en la vida política del país, imponiendo el servicio militar, nacionalizando empresas, rompiendo con el latifundio y fundando escuelas, aunque todo esto en la medida de nuestras posibilidades, humanas y materiales.
En honor a la verdad hay que decir que los mutantes no somos un pueblo que brille por sus luces y peor aún, la historia más reciente nos dice que muchos de nosotros son además de estúpidos, piratas. En resumidas cuentas, muñecos de la peor calaña, sin duda y sin embargo, me cuesta creer que tanto muerto y tanto libro hayan tenido como único fin gravar en la cabeza de hasta el último boli el lema de “el mar es un derecho, recuperarlo es un deber”, porque sí. Sin ningún fin y sin ninguna otra consecuencia.
En su defensa habría que decir que Bolivia es rara. Sobra con echar una mirada para darse cuenta de que en La Paz, a diferencia de lo que ocurre en todas las otras capitales andinas, la gente camina por la calle vestida como quiere y habla el idioma que mejor le parezca, esto desde siempre y sin que nadie pueda oponerse. Esta peculiaridad que hace de Bolivia algo tan autentico, según los turistas de todos los tiempos, se ha extendió a prácticamente todos los centros urbanos existentes en los últimos 50 años. En la actualidad y desde que se fundara el Estado Boliviano, allá por 1986, la mayoría de los llámeme como a usted mejor le parezca en todas sus variantes, aymaras, quechuas, guaraníes y todos los otros pueblos incluidos en la jurisprudencia del Estado boliviano son urbanos, la mayor parte es menor de 40 años, toma coca cola y tiene un porcentaje mayor o menor de sangre mutante. Me atrevería decir, mucho me temo, que 7 de los 9 millones de almas en el lugar está contaminado, si no 8. Así pues el Duo Dinámico Morales – García Linera no es un accidente.
Visto esto, considerándolo y teniendo en cuenta que más allá de las apariencias la mayoría de los llámeme como a usted mejor le parezca en todas sus variantes, aymaras, quechuas, guaraníes y todos los otros pueblos incluidos en la jurisprudencia del Estado boliviano son pacíficos, lo mejor sería que nuestro siguiente paso en la evolución fuera montar una confederación al mejor estilo de Star Wars, todos podemos ver las películas y hacerlo retomando el contacto con los dos millones de llámeme como a usted mejor le parezca, aymaras, quechuas, guaraníes y todos los otros pueblos incluidos, etc., etc., que están dando vueltas por el mundo, mandan plata, se preocupan y están a un tris de quedarse sin gentilicio.
Puestos a revolucionar, deberíamos intentar fundar todos juntos y en directo, por conexión satelital, algo así como el imperio humanista de los bolis, total por delirar y deberíamos cambiarnos el nombre de llámeme como a usted mejor le parezca en todas sus variantes, aymaras, quechuas, guaraníes y todos los otros pueblos incluidos en la jurisprudencia del Estado boliviano a algo así como Confederación Mutante de los Pueblos Libres de Bolivia y convertirnos en Bolis nomás.
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